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sábado, 26 de julio de 2008

La Feria de La Hoya en el Valle de Villaverde (Cantabria-Encartaciones)

Es de sobra conocida la importancia que la actividad siderúrgica ha tenido a lo largo de la historia en el Pais Vasco, principalmente en Bizkaia, y dentro de la provincia, en la comarca de Las Encartaciones.
A finales del siglo XVIII, calcula Iturriza, para Las Encartaciones, una producción anual aproximada de 37.000 toneladas de mineral de hierro, que se convertirán, hacia 1866, en unas 69.000, teniendo en cuenta para esta última fecha, sólo, las que salían por mar.
Hasta la incorporación del Pais Vasco a la revolución industrial, en el último cuarto del siglo XIX, el aprovechamiento local del mineral para la producción de hierro, se realizaba mayoritariamente en ferrerías, que, debido a su obsolescencia, verán su fin a principios del siglo XX, si bien su declive había comenzado mucho antes, pues ya durante la primera mitad del siglo XIX, su número había decrecido considerablemente. Así, según Iturriza, a finales del siglo XVIII, había 146 ferrerías en Bizkaia y 24 en Las Encartaciones, de las cuales sólo quedaban una veintena para 1864.
Asociada a esta actividad ferrona, hay otra, indisolublemente ligada a ella, como es la de la fabricación de carbón vegetal, que permite la obtención de temperaturas muy superiores a las que proporciona la simple quema de la madera. Mientras el poder calorífico de la madera oscila entre los 12.000 y 21.000 KJ/Kg, el del carbón vegetal varía entre 29.000 y 35.000. Teniendo en cuenta que el hierro funde a 1500º C, se puede comprender la importancia que adquiere el carbón vegetal en el proceso. Por otra parte, el carbón vegetal proporciona al hierro el carbomo necesario para aumentar su dureza. De la Wikipedia:
Otro uso fundamental del carbón vegetal en la historia de la humanidad es su empleo en la metalurgia. La metalurgia el hierro, comenzada ya unos 1.200 años a.C. y que se desarrolla en Europa durante la “edad del hierro” (700 a. C. hasta el 68 d. C.), no hubiese sido posible sin el carbón vegetal ya que las elevadas temperaturas que se requieren para fundir los minerales no pueden alcanzarse utilizando simplemente madera o los combustibles de la edad del hierro. Además, el carbono que contiene el carbón vegetal actúa como reductor de los óxidos del metal que forman los minerales y con la técnica apropiada parte de este carbono puede alearse con el hierro para dar lugar al acero, mucho más duro que el hierro, lo cual fue fundamental en el desarrollo de armas y herramientas más resistentes.”
De hecho, una de las mayores dificultades con las que se enfrentaban las ferrerías era la de la obtención del carbón vegetal, debiendo en ocasiones parar su actividad ante la falta de tan imprescindible elemento. Son numerosos los conflictos que, tanto en la Edad Media, como en épocas posteriores, se producen por el abastecimiento de carbón vegetal a las ferrerías, y existen numerosas normativas que regulan la actividad para preservar la durabilidad de los bosques. Como suceso curioso, copio uno, relatado en el artículo “Minas y Ferrerías. Desde las primitivas instalaciones hasta el siglo XVIII”, anteriormente linkado:

Conflictos con las ferrerías de Mena

En 1702, las ferrerías de las Encartaciones encontraron un suministrador de carbón a bajo precio en Carranza. Desde allí comenzó a llegar una provisión lo suficientemente abundante como para conseguir equilibrar el precio de este material con el que se pagaba en Mena. En vista del peligro los lugares de Villaverde y Mena impidieron el paso por sus territorios a los proveedores de Carranza. La Juntas de Avellaneda reaccionaron en consecuencia y, como no podían evitar la privación de paso impuesta por aquellos valles, dictaron que, en caso de que se mantuviesen en esa actitud, se prohibiría a los encartados el acceso a ellos. Los burgaleses cedieron momentáneamente pero abriendo un nuevo frente: también ellos comenzaron a comprar carbón fuera de su territorio, concretamente en las Encartaciones. En 1703 los dueños y arrendadores de las ferrerías protestaron de esta situación ante el Teniente de Corregidor en razón de que el carbón que se producía en las Encartaciones y que se vendía fuera del territorio, dejaba desbastecidas a las ferrerías locales. Como ocurrió antes con el mineral también ahora se decretó que las ferrerías encartadas debían ser preferidas antes que las foráneas para el abastecimiento de carbón. El conflicto con las ferrerías de Mena permaneció enquistado y siendo causa de frecuentes protestas. En años sucesivos volverán a plantearse los mismos problemas una y otra vez.
En 1715 se presentó la queja de que el mineral que se llevaba a las ferrerías de aquel lugar desde los montes de Triano era transportado por gentes ajenas a la Encartación. En consecuencia se decretó que se guardasen las ordenanzas de forma que las venas sólo las podían sacar al valle de Mena los naturales de las Encartaciones. En esos mismos años los dueños y arrendadores de las ferrerías encartadas comenzaron a padecer desabastecimiento de carbón porque su producción era vendida por los carboneros a otros ferrones de fuera del territorio. Fue necesario volver a recordar, por decreto del Teniente de Corregidor, que los dueños de las ferrerías encartadas tenían preferencia sobre los foráneos en el carbón que producían los montes concejiles.
También se hizo notar en estos años el malestar por la actuación del Valle de Mena aprovechándose de la escasez de cereales. Este valle era el principal abastecedor de trigo de la Encartación pero, desde comienzos del siglo XVIII, la proverbial falta de buenas cosechas en las Encartaciones se agudizó y, sabedores de la demanda existente, comenzaron al legar desde otros lugares de Castilla e incluso desde Andalucía arrieros con grano de todo tipo para venderlo en Balmaseda. Es entonces cuando"se les detiene y compra en el real valle de Mena para volverlo a vender por algun individuo de dicho real Valle de que resulta inconveniente y falta de abundancia y por esta causa se encarece…
"
La decadencia de la actividad ferrona, como hemos visto, arrastró consigo a la casi desaparición del oficio de carbonero en Bizkaia, y más concretamente en Las Encartaciones, ya que apenas tuvo vigencia hasta principios del siglo XX.
Sin embargo, las duras condiciones de vida en los años de la posguerra, hizo que algunos recuperaran el oficio, y de esta manera pudiera llegar hasta nuestros días, siquiera su recuerdo.
Con la intención de mantener viva la memoria de un oficio que de otra forma se hubiera perdido en el olvido, en el Valle de Villaverde, enclave cántabro dentro de Las Encartaciones vizcaínas, se lleva celebrando, desde hace nueve años, y en el último domingo de julio, “La Feria de la Hoya”, consistente en la elaboración de carbón vegetal, recogiendo las tradicionales técnicas de elaboración que les han transmitido los últimos carboneros vivos del valle, así como otros eventos festivos, entre los que destaca el asado, y posterior catado, de un hermoso novillo. Tarea que se realiza, como no podía ser de otra manera, empleando el carbón obtenido en la hoya.
La tradición carbonera del valle, que contaba con tres ferrerías en el siglo XVIII, queda bien patente en el Castastro de Ensenada, donde se nos informa que, a mediados del siglo XVIII, de 99 labradores censados en el valle, 25 se dedicaban también al transporte de carbón, y 17 de ellos, además, a su fabricación.
La primera labor para la elaboración del carbón vegetal consiste en el cortado de la leña que posteriormente será carbonizada. Este trabajo se realiza durante los meses de invierno, normalmente en febrero.

Posteriormente, una vez transportada la leña al lugar donde se quemará la hoya, se procede a su apilamiento alrededor de un poste, llamado alcalde, procurando encajar las piezas de forma que quede el mínimo espacio entre ellas.

Una vez concluído el apilamiento, se procede a su cubrimiento con helechos, cuya función consiste en servir de soporte a la ceniza que va a cubrir la hoya.

Una vez extendidos los helechos, se procede al esparcimiento de la ceniza sobre el montón, de forma que se impida la penetración de aire, lo que provocaría la combustión de la madera, y por consiguiente la destrucción de la hoya.

Una vez que la hoya está bien tapada, llega el momento de extraer “el alcalde”, de forma que quede un espacio en el centro que va a permitir la introducción de las brasas que van a encender la hoya. Una vez que el humo inicial, de color negro, cambia a blanco, la combustión se ha iniciado, y es el momento de tapar la hoya.

Posteriormente, será necesario vigilar que se produzca una buena combustión y perforar la hoya en distintos lugares, oxigenando las zonas de menos calor, de forma que se produzca la carbonización homogenea de toda la madera. Esto exigirá la presencia constante del carbonero junto a la hoya, para lo que deberá construir la cabaña que le servirá de refugio durante los días que dure la misma. De 10 a 15, por regla general.


Toda esta actividad se realizaba en el monte, en claros del bosque, en zonas abrigadas y próximas a los regatos. En el caso de Villaverde, el monte donde se cocian las hoyas era Tejea (Burgüeno), y aún se conservan vestigios de las antiguas hoyas por allí. Precisamente, las cenizas que cubren las hoyas que se construyen en la actualidad, con motivo de la feria, proceden de las recogidas por los vecinos en Tejea, aprovechando los restos que todavía permanecen en el monte.

Todo este proceso de fabricación viene explicado, de forma más pormenorizada, en un excelente artículo de Miguel Polancos Aretxabala, en Euskonews: “La vida del carbonero y proceso para la obtención de carbón vegetal (The life of the coalman and the process of making charcoal)
(Artículo publicado en Zainak 14 - Cuadernos de Antropología-etnografía de Eusko Ikaskuntza)”
También he podido encontrar, en una página personal, un video sobre la fabricación de carbón vegetal en Extremadura, donde parece que el oficio perdura todavía, si bien allí emplean un método ligeramente distinto de carboneo, aunque su fundamento sea básicamente el mismo.

Sobre los carboneros de Villaverde y la Feria de la Hoya, hay un estupendo artículo en red de Eloy Gómez Pellón con fotos de Roberto Ruiz

sábado, 12 de julio de 2008

Una de banderizos en Castro Urdiales

"Título de la segunda pelea de Santullán al canpo de la [Lonba] e de la muerte de Diego de Salazar e de otros

En el año siguiente del Señor de mil CDXVI años, estando desafiados Ochoa de Salazar e Diego Pérez de Miono e Sancho Ortiz Marroquín e todos los d'estos linajes sobre la defensa d'estos de Otanes e de la Marca, enbió Ochoa de Salazar en ayuda de los de Santullán por fronteros a Lope de Salazar de Montaño, su hermano, que ya era otra vez reconçiliado con él, mucho contra su voluntad, no podiendo ál fazer, pero lleno de maldad, como lo fue de XXX años arriba fasta que morió, e a Ferrand Sánchez de la Sierra e con ellos a Lope de Salazar, su fijo mayor, que era de XVI años, que tomó estonçes armas de una vallesta, e a Diego de Salazar e a Juan Pérez de Leçama e otros buenos escuderos de su solar; e otrosí fue allí Juan d'Escalante, fijo de Ruy Gutiérrez, que andava açotado fuera de Santander, e Martín Ochoa, el de Castro, que estava otrosí açotado por el Corregidor de Castro, que eran todos fasta çiento omes armados e escogidos. E varreáronse en el logar de Santullán porque los Marroquines de Samano e de Otanes de Miono e de Goriezo e de Castro eran poderosos; e yazía Santullán en medio d'ellos, ca estonçes no avía casa fuerte ninguna en el logar de Santullán como agora. / [Fol. 427 v., col. a]
Estando así por espaçio de XXX días escaramuçando algunos días en la Lonba, ayuntáronse un día Sancho Ortiz Marroquín, que estava en Samano, e Sancho Ortiz Marroquín de Goriezo e todos los Marroquines de Goriezo e el alcalde de la Puente con ellos e todos los de Samano e de Miono e de Castro, que eran fasta CD omes. E los de Muñatones, que estavan en Santullán, eran fasta CL omes e con osadía desordenada salieron de las varreras que tenían a la portellería los çiento de los mejores; e vaxáronse los Marroquines a ellos e toparon en la estrada de la Yuze e fueron vençidos los de Muñatones. E quedó allí muerto Diego de Salazar, hermano vastardo de Ochoa de Salazar, e recogiéronse a las varreras que tenían en cavo del aldea; e morieron Garión de Otanes, fijo de Garçi López, de una lançada que ovo por la boca e Juan Roiz el Calvo, criado de Juan d'Escalante, de una saeta que ovo por las espaldas sobre un lorigón del través de una viña e vino así [a] morir al aldea luego. E fueron feridos Lope de Salazar e Martín Ochoa de Castro e Juan Pérez de Leçama e Furtado e Perlingao e otros; de Marroquines morió Juan Ochoa de Lusa de una saeta e ovo otros feridos.
Otro día salieron Mucha de Valdellarco e Garçía de Llano e otro conpañón por la peña de Santullán al monte de Ceçeval para se pasar Arzentales e a Turçios a negoçiar e salieron los de Otanes e tomáronles el paso; e escondiéronse con la noche en el monte e los Marroquines tornáronse a Otanes de Arriba e madrugaron allá e los desventurados no ovieron poder de se ir. E mataron otro día aquel Mocha, que era buen omne, e ferieron a Garçía Llano por la pierna e escondióseles e morió d'ello a cavo de XL días; e el otro fuéseles en salvo. E faziendo tregua el Corregidor, esparçiéronse de allí los forasteros e los otros quedaron en sus casas."


BIENANDANZAS E FORTUNAS DE LOPE GARCÍA DE SALAZAR T.XXIV
Edición realizada por Ana María Marín Sánchez

sábado, 5 de julio de 2008

Menhir, anta, hilso

Está firmemente asentada en el castellano la palabra menhir:

menhir.
(Del fr. menhir, y este del bretón menhir, der. de men, piedra e hir, larga).
1. m. Monumento megalítico que consiste en una piedra larga hincada verticalmente en el suelo.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Sin embargo, existen en el castellano otras palabras sinónimas, hoy en desuso, y que, sin duda, tienen una mayor antigüedad en nuestro idioma.
Tenemos, por un lado, el término “anta”, recogido por el DRAE:

anta-2.
(Del lat. antae, -arum).
1. f. menhir.
2. f. Arq. Pilastra embutida en un muro, del cual sobresale un poco, y que tiene delante una columna de la misma anchura que ella.
3. f. Arq. Pilastra elevada antiguamente a ambos lados de la puerta principal de los edificios, especialmente en los templos.
4. f. pl. Arq. Pilastras que refuerzan y decoran los extremos de un muro.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

No tengo yo muy claro que la palabra sea castellana, y me pregunto si no será más bien de origen gallego-leonés, que es en donde he podido constatar su uso. Tal vez, algún amable lector nos pueda ilustrar sobre el uso de esta palabra fuera de las zonas citadas.
Por otra parte, en Cantabria, Las Encartaciones vizcaínas, y la zona burgalesa limitrofe con las anteriores, se emplea el término “hilso” para referirse a la piedra hincada verticalmente en el suelo. En esta ocasión, sorprendentemente, el vocablo no es recogido por el DRAE. Sin embargo, sí he visto que se recoge entre las palabras de uso en el cántabro:

hilso. ilso. yilso. • hito, mojón de separación de demarcaciones. Vide: hiso, jiso, jilsu. El ilso grande y el ilso pequeño son referencias muy usuales entre las gentes de la costa y de Sámano.

También he encontrado esta referencia a su etimología, así como la noticia de la existencia de otros términos asimilables a la palabra “mojón”, aunque no tengo claro que pueda extenderse su uso al menhir. Se trata de “cavido”, “aita” y “sique”:

Al pasar los ojos sobre los mapas de que disponemos, resultan increíbles las discrepancias que hay entre la realidad hablada y el inventario académico. Para no producir hastío, me voy a fijar en unos pocos testimonios que son claros en su enunciación, triviales por reiterados y repetidos en multitud de hablas sociales. Conceptos como la 'señal utilizada para fijar los linderos' se expresan con formas desconocidas en el DRAE, pienso en cavido, hiso, sique a{h)ita, designaciones del 'mojón' en Santander, Soria o Guadalajara.”

La etimología de hiso 'mojón' no me parece tan clara como han dicho los lexicógrafos (García de Diego y Corominas). La voz consta en el diccionario de García Lomas, pero no en el DRAE, y en las encuestas del ALES transcribimos, además, hilso, hinso y otras formas en las que, a mi modo de ver, influyeron los derivados de g y p s u. Que f i x u no sea étimon incontrovertible está justificado por razones fonéticas: su evolución lógica hubiera dado hijo (molesta homonimia con los derivados de f i 1 i u); hemos de recurrir a formas con JsJ, y tenemos f i s s u, participio de f i n d e r e, uno de cuyos significados es 'arar', y 'hendedura' el del sustantivo f i s s u. Estaríamos, pues, ante uno de los varios casos en los que el límite se haría con un surco; luego, se igualarían los contenidos de fiso y de fito, cuando se perdió la conciencia del étimon en favor del uso (piedras mojoneras). La forma hiso (y no hito) fonéticamente es próxima a los derivados de g y p s u (yelso en santaderino) y apareció una l anorgánica porque en los mojones se pone muchas veces una cruz con yeso.”

domingo, 29 de junio de 2008

Aniversarios en Ranero (Carranza-Bizkaia)

Este año se celebran dos aniversarios paralelos en Carranza, más concretamente en el barrio de Ranero, relacionados con la espeleología.
Por un lado, el hallazgo de la cueva de Pozalagua, que se descubrió, fruto del azar, tras una de las explosiones en la cantera de dolomitas que allí había, y que abrió una puerta a la gruta, hasta entonces escondida en las entrañas del monte.
La cueva es probablemente una de las más bellas de Europa, y con la mejor y más abundante muestra de estalactitas excéntricas del mundo. Uno, que tuvo ocasión de verla cuando la visita corría por cuenta propia, y toda la iluminación con que se contaba se reducía a unas pocas bombillas colgadas de aquí o allá, se alegra de que poco a poco se le vaya reconociendo la importancia que merece.
Con motivo del cumpleaños, se celebrará, el próximo 18 de julio, un concierto a cargo de Kepa Junkera, en el propio anfiteatro al aire libre que, junto a la entrada de la cueva, se ha construido aprovechando el espacio generado por la antigua cantera. Además, según nos cuenta el Correo de hoy: “El acto servirá para presentar la canción “Pozalagua”, un tema para el que se ha permitido al artista extraer sonidos de la propia cueva, haciendo sonar las estalagmitas como si fueran un xilófono”. Merecerá la pena el evento.
Pero, como ya he dicho, hay otro aniversario, que se celebró ayer. Se trata de los cincuenta años en que por primera vez un hombre descendió a la Torca del Carlista. El día 4 de abril de 1958, a las tres en punto de la tarde, Jon Arana, holló el suelo de la cueva, a 154 metros de profundidad. Unos meses después se alcanzaría su cota más baja, a 355 metros de profundidad. Con motivo de la efeméride, ayer, el mismo Jon Arana volvió a bajar a la Torca, según nos cuenta el Correo Digital de hoy.
Si la cueva de Pozalagua debía su importancia a la belleza y abundancia de sus formaciones kársticas, la Torca del Carlista se la debe a la espectacularidad de sus dimensiones, siendo la cavidad subterranea más grande de Europa y la tercera a nivel mundial. En la página de la Sociedad de ciencias espeleológicas Alfonso Antxia nos ofrecen preciosas fotos de la Torca y una interesante recreación, con el Guggenheim en su interior, que nos ayudara a formarnos una idea de sus dimensiones.
Ambas cuevas, si bien tienen sus entradas bastante alejadas, están bastante próximas entre sí, pues, en el interior de la montaña, apenas 70 metros las separan. Se ha especulado con la posibilidad de unirlas mediante la construcción de un tunel de conexión, lo que haría visitable la Torca del Carlista a todos los públicos, sin embargo, aparte de las dificultades técnicas, no todo el mundo está de acuerdo con la medida, que también podría realizarse abriendo una entrada a la Torca desde la cantera, sin unir las dos cuevas.
También se comenta, en el Correo, la apertura, junto a la entrada de la cueva de Pozalagua, en el próximo año 2009, de un parque temático sobre la riqueza natural de Las Encartaciones, aprovechando las instalaciones abandonadas de la clausurada cantera. Bienvenida sea la noticia, aunque uno piensa que, antes de nada, se debería pensar en anchar y reparar un poco la vieja carretera que unía el pueblo de Ranero con la cantera, y que nos da ahora acceso a todas estas atracciones que venimos comentando.

sábado, 12 de abril de 2008

Sallar

Muchas palabras, en todos los idiomas, terminan por desaparecer del vocabulario común de sus hablantes. Unas veces, bajo la presión de nuevas palabras que vienen a sustituirlas. En otros casos, fruto de la falta de uso del término al desaparecer el objeto o la acción a la que la palabra en cuestión hacía referencia. Este último es el caso de la palabra a la que voy a referirme. Se trata del verbo “sallar”.
El término viene recogido por la Real Academia de la Lengua Castellana, si bien con un significado un tanto diferente al que yo he podido conocer en las Encartaciones de Bizkaia.
Según la R.A.E., la palabra tiene dos acepciones en castellano:

sallar.
(Del lat. *sarcellāre, de sarcellum).
1. tr. Cavar con azada o azadilla.
2. tr. Tender sobre polines las grandes piezas de madera para conservarlas en los almacenes
.”

El segundo sentido que da la Academia al término era desconocido para mi hasta ahora, sin embargo, el primero, sin ser idéntico, sí parece relacionarse con la terminología encartada, para la que sallar significa limpiar de malas hierbas los sembrados, lo cual, evidentemente, se lleva a cabo cavando con la azada o azadilla.
Curiosamente, veo que también se conoce la palabra en otras zonas vecinas, dándole el mismo significado que yo conozco en la comarca vizcaína, y que el DRAE no recoge.
Así, veo en Wiktionary, cómo se recoge sachar como término del Cántabru, traducido al castellano como sallar:

sallar: sachar, escardar la tierra sembrada para quitar las malas hierbas Vide: azaillar”

Por otra parte, con el mismo significado, lo recoge el Diccionario General de la Lengua Asturiana:

1. Sallar [Pa. Pzu]. Sachar [Cg]. Escardar, sachar [CAmieva. Cp. Ac. Sb. Cn (F). Gr. Sl. Tox. /Eo/. Llomb. JH. R]. Primera escarda que se hace (a las plantas de huerta, patatas, maíz) [Ca]. Escardar [Lln. Cl. Llg. Ri. Qu. Tb. Sm. An. Cd. Pr. Cv. Pr (Cv). Vd. Oc. OLLA]. Dar al maíz (o a otras plantas), pocas semanas después de nacido, una cava ligera aclarándolo y limpiándolo de yerbas [LV. Pb. Lln*. DA. R].”

Paradójicamente, si consultamos el DRAE en busca del vocablo sachar, nos encontramos con esto:

sachar.
(Del lat. sarculāre).
1. tr. Escardar la tierra sembrada para quitar las malas hierbas, a fin de que prosperen más las plantas útiles
.”

Parece, no obstante, que la palabra, con este significado que apunto, es conocida desde hace siglos:

Ya a principios del siglo XVI escribía Gabriel Alonso de Herrera: “Escardar o sellar son, según tierras, diferentes maneras de nombres, porque cada suerte de gente tiene diferentes vocablos””

Sin embargo, parece que el término ha dado alguna guerra a los lingüistas, según se recoge, aunque de forma confusa, en la nota aclaratoria que se hace a la anterior cita en el portal de Villegaseditores.com, de donde la obtuve:

Agricultura general, II, 9. En el Diccionario de Autoridades y en las tires primeras del vulgar está sallar, como provincial de las Montañas de Burgo desaparecido en la 4, reapareció en la 2a como de Asturias y Santander en la 13 no lleva calificativo alguno, con remisión a sachar. las dos formas de por sí indican que en su origen pertenecieron a regiones diferentes. De anotación al cnp. 24 de¡ mismo libro de la agricultura de Herrera y Diccionario de Autoridades resulta que una misma legumbre se ha llama-lo algarroba en Castilla la Nueva, garroba en Castilla la Vieja, lenteja en Aragón y arveja en otras partes

Abundando en su existencia y significado, podemos citar al cántabro don José María Pereda, que usa “el palabro” en “Tipos y paisajes”:

A Blas le incomodaba hasta el olor del ganado vacuno, y Paula se compadecía de las gentes que tenían, para comer, que sallar maíces bajo los rayos del sol de junio.”

También, curiosamente, el encartado de Galdames, don Antonio de Trueba, hace uso del término en “Cuentos de color de rosa”:

“...todos los que trabajábamos en las heredados, unos en la siega del trigo, otros en la salla de la borona, soltamos la hoz o la azada y nos encaminamos alegremente a nuestros hogares...”

“...y los hombres y las mujeres sallaban en las piezas adelantadas...”

“...Los inquilinos de la casería estaban sallando una pieza de borona...”

“...Martín, su mujer y sus hijos estaban detrás de la casa, sallando borona...”

Y todavía más, nos da su sentido en el glosario:

SALLAR.- Escardar someramente o cavar la tierra sembrada de maíz, así que éste ha acabado de nacer, arrancando las plantas más ruines y amontonando la tierra al pie de las que se conservan.”

También encuentro un texto de don Bonifacio de Echegaray, donde hace uso de la palabra, diferenciándola de cavar:

“...(labores del campo)que están sujetas a un plazo perentorio, como sallar, cavar...”

sábado, 1 de marzo de 2008

El abuelo leonés de Felipe González

A finales del siglo XIX y comienzos del XX se produce en Bizkaia un gran despeque de la actividad minera del hierro, ligada irremediablemente a la producción siderúrgica, motor del desarrollo industrial de nuestra provincia en este periodo.
El crecimiento de la demanda de mano de obra, que este desorbitado desarrollo de la actividad minera produjo, fue la causa de que numerosos hombres, provenientes mayoritariamente de las comarcas de dedicación agropecuaria menos rentables de León y Zamora, acudieran a vender su fuerza de trabajo a las diferentes explotaciones mineras que por entonces florecían.
Seguramente, la zona minera más conocida de Bizkaia sea la de los montes de Triano, lugar de origen de La Pasionaria, y con una tradición de más de dos mil años en la extracción de mineral de hierro.
Sin embargo, hay otro macizo montañoso, quizás menos conocido, que en aquellos tiempos bullía de actividad. Se trata del macizo de Alén (Sopuerta), donde se formaron, de la nada, numerosos pueblos, hoy en día desaparecidos o a punto de desaparecer. Así, por ejemplo, tenemos el caso de la Mina Federico, pueblo hace tiempo abandonado, del que se conservaban, hasta hace bien poco, los cimientos de algunas casas que fueron arrasados con un plantío de pinos por parte de la diputación. O el propio caso de Alén, hoy con una sola vecina, y que llegó a tener cuartel de la Guardia Civil y más de 500 vecinos. La Mina María, El Sel o Las Barrietas serían otros ejemplos de pueblos creados “ex novo”, fruto de la actividad minera de esta época en la comarca encartada.
Al pie de este macizo se encuentra el enclave cántabro, hoy llamado Valle de Villaverde, y hasta hace pocos años conocido como Villaverde de Trucios.
Pues bien, el motivo de toda esta perorata es el de ocuparme de uno de aquellos hombres, de nombre Pío González, que, partiendo de la provincia de León, llegó hasta estas tierras en busca de trabajo. Seguramente hiciera el viaje en el ferrocarril de La Robla, tren minero que unía Bilbao con la zona carbonera de León, ya que era natural de Valverde de la Sierra. Sea como fuere, el caso es que tuvo más suerte que la mayoría de sus paisanos y, no sólo consiguió colocarse como mozo en una vaquería del citado pueblo de Villaverde, sino que además se casó con la hija del dueño de la misma y, pasados unos años, se trasladó al pueblo sevillano de Dos Hermanas, donde se hizo cargo de otra explotación que allí poseía su suegro. Uno de los futuros nietos de esta pareja será Felipe González Márquez. Así nos lo cuentan Marta Zaldibar y Ricardo Santamaría en su libro “Villaverde de Trucios en el corazón”.

martes, 30 de octubre de 2007

Aparece una nueva pintura mural renacentista en Carranza

A finales de los años ochenta del pasado siglo, se descubrió en la Iglesia de San Andrés de Biañez (Carranza), tras el retablo existente, otro, pintado sobre la pared. Tras las pertinentes obras de restauración del edificio, se procedió a la restauración de la pintura mural, y hoy la podemos contemplar si visitamos el museo que, sobre la historia del pueblo vizcaino de Carranza, se ha dispuesto en el local del primitivo templo.

Pues bien, el motivo del presente artículo es el de hacerme eco de la noticia del descubrimiento de más pinturas murales en otro barrio del mismo valle de Carranza. Se trata esta vez de la iglesia de San Pedro de Sierra, aunque parece que las posibilidades de conservación, en esta ocasión, son menores.
También se apunta en la noticia que la autoría podría corresponder a las mismas manos que la de Biañez.

martes, 17 de julio de 2007

Vesperies, Vispero, Vespero, Punta Lucero

Gracias a la “Naturalis historia”, obra de Plinio el Viejo, sabemos de la existencia de una serie de enclaves maritimos en la costa vasca. Así, dice en el Libro IV. 20. (110): “...Desde el Pirineo, siguiendo el oceano, está el bosque de los vascones, Oiarso, las ciudades de los várdulos, Moroga. Menosca y Vesperies, y el puerto de los amanos, donde está la colonia de Flaviobriga”. De todas estas ciudades conocemos con seguridad la ubicación de la primera y la última. De esta forma, Oiarso se correspondería con la actual Irún, y Flaviobriga con Castro Urdiales. Tenemos así, entre los dos puntos, toda la costa vasca peninsular para ubicar las tres ciudades que nos faltan. Son numerosos los lugares donde podríamos ubicar estos emplazamientos, desde San Sebastian pasando por Getaria, Deba, Ondarroa y Lekeitio, donde parece que se han encontrado restos de lo que pudo haber sido un puerto de época romana; la ría del Oca, con los emplazamiento de Forua y Portuondo, y por fin, las rías de Plencia, Bilbao y Somorrostro.
La probable existencia en estas dos últimas rías de asentamientos romanos viene corroborada, en primer lugar, por la relativa abundancia de hallazgos monetales en ambos valles.
De otro lado, debemos tener en cuenta su posición estratégica como punto de embarque del mineral de hierro que tanto abundaba en la zona de los montes de Triano, Bilbao y otras zonas encartadas, que bien a través de la ria bilbaina, o a través del Barbadún, podían encontrar fácil salida al mar.
Así nos describe Plinio, refiriéndose sin duda a Triano, la riqueza mineral de este monte, explotado hasta nuestros días, en el Libro XXXIV. 43. (149): “El hierro es, de todos los metales, el que tiene más abundantes minerales. En el pais de los cántabros, en la zona costera que baña el océano hay una montaña muy alta, cosa increible, que es toda entera de hierro, tal como ya lo hemos dicho en nuestro periplo alrededor de los mares.”
Estas dos rías están separadas por una lengua de tierra que es conocida como Punta Lucero, donde se asienta el pueblo de Zierbana, lugar donde se han constatado diversos restos de época romana. Pues bien, el objeto del presente artículo es el de sugerir la posibilidad de que la citada ciudad de Vesperies pudiera tener su localización en este cabo vasco, y para ello me baso en la información que nos da un erudito local castreño. Me refiero a D. Javier Echevarría, quien en su libro “Recuerdos históricos castreños”, escrito en 1898, nos dice: “Lucero, ó Lusero, según se pronuncia en las cercanías del cabo o punta de este nombre, situado al Oeste de la desembocadura del río Nervión, es la traducción exacta del Vesperies de Plinio y el punto, precisamente, á donde corresponde, mirando desde Castro, la aparición del astro de la tarde. Se llama también hoy entre los marineros Vispero ó Vespero; de suerte que conserva la denominación latina con que Plinio le designa, y la traducción castellana de esa denominación.”

jueves, 28 de junio de 2007

Romualdo Chávarri, carranzano, indiano y masón




Don Romualdo Chávarri y de la Herrera nació en el barrio carranzano de Biañez en el año 1819. Estudió en Madrid y con 23 años emigró a Puerto Rico, donde comenzó trabajando como dependiente de mercería, haciéndose, años más tarde, dueño del negocio, y acumulando un importantísimo capital. Para darnos cuenta de la relevancia económica de sus negocios, se puede consultar la lista de contribuyentes, dedicados a la mercería, durante el año 1870, en San Juan de Puerto Rico, y veremos cómo, por lo menos, cuadruplica las aportaciones de los contribuyentes más próximos, manteniéndose mucho más alejado de la mayoría.
En el año 1874, con 55 años, regresa a España y se instala en Madrid, donde gracias a oportunas inversiones bursatiles logra incrementar su patrimonio de forma considerable.
Será en la decada de los ochenta del XIX cuando el personaje vuelva a su pueblo natal, al que realizará importantes aportaciones. Construye una nueva iglesia en Biañez, bajo la advocación de San Andrés, así como un nuevo cementerio y otras obras menores. Acomete la traida de aguas al barrio que le vió nacer y traza la carretera que une el pueblo con la general de Bilbao a Carranza, y gracias a la aportación que hizo para la construcción del ferrocarril Bilbao-Santander, nada menos que diez millones de pesetas de la época, el tren pasa hoy por el pueblo encartado.
Pero la obra que más me interesa resaltar aquí es la de su propio mausoleo. Como ya he dicho, levantó para el pueblo una nueva iglesia y cementerio. Seguramente, la razón de estas importantes obras, era que se estaba reservando para sí y su familia un grandioso panteón familiar, la antigua iglesia de San Andrés de Biañez, y es que la primitiva iglesia quedó incluida, con la reforma, dentro del nuevo cementerio, y aunque ya no estaban permitidos los enterramientos dentro de las mismas, decidió, para solventar este contratiempo, la construcción de una cripta justo debajo del altar del primitivo templo. De esta forma, la iglesia se convierte en su privilegiado panteón familar. Don Romualdo falleció en 1899 y allí reposa, en sencillo sepulcro.
Puede parecer algo extravagante y pretencioso una obra de estas proporciones, sin embargo, estas características no parecen coincidir con la personalidad de D. Romualdo, hombre sencillo y austero, que ni siquiera se edificó un palacete, tan en boga entre los enrriquecidos indianos de la época, como residencia familiar, vivendo en casas más o menos modestas, tanto en Madrid como durante sus estancias en Carranza. Debemos pues pensar que fueron otros los motivos que indujeron a Chávarri para la construcción de este fastuoso mausoleo, razones que quizás debamos relacionar con las fuertes convicciones religiosas y humanistas del personaje, que como se ha desmotrado recientemente pertenecía a la masonería.
Y como prueba de ello, nada mejor que el pedestal que sustenta una de las dos estatuas que se erigieron en su memoria, en el año 1902, para su colocación en las escuelas que él había patrocinado. La pieza es obra del escultor catalán Josep Monserrat Portella, y guarda parecido con la que de Trueba lucimos los bilbainos en los Jardines de Albia. Pues bien, el pedestal presenta en tres de sus caras clara simbología masónica, quedando la principal como testigo de las obras que en el pueblo realizó. Curiosamente, el pedestal estaba desaparecido, y ha aparecido recientemente, durante las excavaciones que se realizaron en el entorno de la primitiva iglesia de San Andrés de Biañez, que hoy se utiliza como museo histórico del valle de Carranza.
Para los curiosos, aficionados y entendidos en el mundo de la simbología masónica, aquí os he dejado unas fotos de las tres caras relevantes del pedestal, así como de la estatua de Don Romualdo.

sábado, 2 de junio de 2007

D. Diego de Haedo, ¿el arzobispo que pagó el rescate de D. Miguel de Cervantes?

Visitando esta mañana el museo que, sobre la historia del Valle de Carranza (Bizkaia), se aloja en la antigua iglesia de San Andrés de Biañez del citado valle, he podido leer cómo se atribuye a D. Diego de Haedo, natural de San Miguel de Haedo (Carranza), arzobispo de Palermo y también virrey y capitán general de Sicilia, el pago de los 500 ducados que se abonaron por la liberación de D. Miguel de Cervantes de su prisión en Argel.
Buscando más información sobre tal hecho, no encuentro nada parecido sino, por el contrario, unas detalladas cuentas, redactadas en el XIX, de cómo fray Juan Gil (apellido típicamente carranzano) y fray Antón de la Bella reunieron el dinero del rescate, sin que por parte alguna aparezca el nombre del arzobispo que nos ocupa. Asimismo, se puede consultar el acta notarial del rescate.
Por otro lado, parece que, como tambien nos informan en el citado museo, nuestro arzobispo figura como el escritor que nos legó la mejor información que tenemos sobre el cautiverio de Cervantes. Se trata del libro titulado ''Topografía e historia general de Argel '' (Valladolid, 1612), obra publicada por el sobrino homónimo del Obispo de Palermo, D. Diego de Haedo, Abad del Monasterio de Frómista (Palencia), quien atribuye a su tío la redacción fundamental del texto.
No obstante, parece que tampoco este hecho es considerado como verdadero por los expertos, y así se nos comenta en este texto donde se atribuye a Antonio de Sosa, compañero de prision del Manco de Lepanto, la autoria del mismo:
“Otra biografía arquetípica que dio lugar a uno de los más importantes libros castellanos sobre el Magreb sería la del autor de la Topographia e historia general de Argel (Valladolid, 1612), dada a la imprenta por fray Diego de Haedo, abad de Frómista (Palencia). Hay dos personajes que llevan esta apellido, tío y sobrino, el abad de Frómista y su homónimo Diego de Haedo, arzobispo de Palermo y presidente y capitán general de Sicilia. El arzobispo Haedo habría obtenido infromaciones de cautivos rescatados de Argel y habría pasado a su sobrino aquellos apuntes que sirvieron de base a la redacción del amplísimo trabajo que es la Topografía...; esa fue la versión admitida tradicionalmente, la autoría de dos personas que nunda habían estado en la capital de la Berbería. Tras un estudio pormenorizado de G. Camamis, sin embargo, parece claro que ni tío ni sobrino pudieron llevar a cabo aquel trabajo, y que la obra fue redactada por un cautivo que estuvo en Argel entre 1578 y 1581, "fechas entre las cuales tiene lugar la inmensa mayoría de acontecimientos narrados en los cinco libros de la obra" (G. Camamis, Estudios sobre el cautiverio en el siglo de oro, Madrid, Gredos, 1977, p. 132.). Aquel cautivo no sería otro que Antonio de Sosa, compañero de cautiverio de Cervantes y del que casi nada se sabe de su vida anterior y posterior al cautiverio; llegado a Argel con otras doscientas noventa personas cautivas de la galera San Pablo de la orden de Malta, coincidió con Cervantes en Argel tres años y ocho meses y aún seguía en el cautiverio cuando Cervantes fue rescatado por fray Juan Gil en el otoño de 1580 (Ver, además de Camamis cit., la Información... hecha a petición del propio Cervantes, con testigos compañeros suyos de cautiverio, transcrita por Pedro Torres Lanzas y publicada por José Esteban editor, Madrid, 1981, pp. 155-166). El texto, terminado por el cuidadoso doctor Sosa, llegaría a poder del arzobispo Haedo de Palermo; su sobrino homónimo, sin duda a la muerte de Sosa, llevaría consigo el manuscrito a España en 1599 --la última fecha de la Topografía... corresponde a 1596--, en 1604 ya tenía licencia para publicarlo pero esperaría hasta después de la muerte de su tío el arzobispo, en 1608, para llevar a cabo esta edición, en la que asocia su nombre y el de su tío como coautores. "El destino ha sido muy injusto con el doctor Sosa", concluye Camamis (op. cit. p. 149), al robarle "el fruto de sus largas pesquisas y desvelos literarios". El silencio de Cervantes, que sin duda conoció la obra publicada cuatro años antes de su muerte, también parece extraño y Camamis lo achaca al respeto que despertaba la figura del arzobispo Haedo, para quien su sobrino reclamaba la autoría después de muerto.”
E incluso otros atribuyen el texto al mismo D. Miguel:
“Así que tenemos dos posibles autores, y sólo dos, de esta obra anónima publicada por Haedo: Antonio de Sosa y Miguel de Cervantes. Sea cual sea el que escojamos, nos queda el mismo problema: la publicación de la obra por Haedo bajo su propio nombre. Haedo no sólo le dio unos retoques, sino que publicó como suyo, al parecer a sabiendas, una obra escrita por otro. La obra apareció con un nombre de autor falso. Es un hecho en que están conformes todos los que han examinado la obra en este siglo. Así que el no publicarla Cervantes con su nombre no es un argumento en contra de ser Cervantes su autor, pues el problema es el mismo con Sosa. (¿Por qué no la publicó Sosa con su nombre? O si Sosa había fallecido, algo que no nos consta, ¿por qué no honró Haedo la portada con el nombre de Sosa?) Se trata de una obra no publicada por su autor.”
También don J.R. Iturriza y Zabala lo cita entre los varones ilustres del valle y le atribuye unos hechos que voy a poner en duda yo mismo:
“El ilustrísimo señor Don Diego de Haedo, Arzobispo de Palermo en Sizilia, donde falleció el año de 1608; el cual fue varón de mucha virtud y santidad , y cuando se sumergió la lengüeta de la Plaza de Túnez, que había construido la ciudad para recibir a su Monarca, quedó sobre las aguas echando bendiciones a la gente que perecía.”
Lo que nadie pone en duda es la fundación del Colegio Seminario, con la advocación de San Lorenzo, que existió, y del que se conservan sus potentes paredes, en el pueblo que le vió nacer, así como la casa palacio que en el mismo lugar mandó construir a sus expensas.
Y estas son las cosas que sobre el ilustre arzobispo he podido averiguar, quedándome la duda sobre la posibilidad de que existan datos que permitan afirmar que D. Diego de Ahedo pusiera el dinero del rescate del manco genial. Por lo que si alguien que lea estas lineas posee dicha información, le agardecería que me la proporcionara.

jueves, 17 de mayo de 2007

Dallo, dalle, dalla


El DRAE sólo recoge la forma “dalle” para esta acepción, que sin embargo yo siempre he oido en su forma “dallo” en Las Encartaciones, con el significado de “guadaña”.
Lo que me llama la atención de la palabra es su extensión territorial e idiomática, así como el orígen del término. Y es que mientras el vocablo “guadaña” tiene un origen germánico, “dalle” tiene una etimología latina según el Drae, que lo vincula con el provenzal “dalh” o el catalán “dall”.
La palabra tiene bastantes probabilidades de desaparecer, pues hasta el instrumento mismo comienza a exponerse en museos etnográficos, aunque, por otra parte, veo que algunas personas se preocupan por la conservación del término.
Investigando un poco por la red, y sin ánimo de ser exhaustivo, compruebo que la palabra se usa por casi todo el norte peninsular, salvo, curiosamente, Navarra y el extremo occidental de la península, Galicia.
Empezando por el este, “dalla” se nombra en catalán este apero usado para la siega y, como se puede ver, le asignan una etimología incierta relacionada con las lenguas prerromanas peninsulares de origen indoeuropeo.
También en aragonés se denomina “dalla” a la guadaña, y hay un extenso artículo en la Biquipedia, donde se recogen la formas “dallo”, “dalle” y “dalla”.
Igualmente, parece que el término se usa en zonas de la rioja, como se puede ver en este texto de “errioxa.com”: “En estos cuatro pueblos y en Santurde y Santurdejo se ha dedicado buena parte del terreno llano a pradera artificial, aprovechando los muchos ríos y arroyos. En estas praderas pacen el ganado vacuno y caballar en primavera y otoño, dándose con dalle una siega alrededor de Santiago. El heno, vellón, como se le domina en el país, se ata en gavillas y se mete en los pajares para alimentar al ganado durante el invierno.”
En el norte de Castilla se usa la palabra en tierras de Soria, como se recoge en la página de “Vocabulario Soriano”: “Dalle: Guadaña. (Jesús Garrido de Yanguas). // O Dalla. Apero de corte utilizado para la siega del forraje. Tiene una hoja triangular y un mango de madera con empuñaduras. También denominado guadaña. (Juan José Ruíz Ezquerro. "Etnografía soriana")”. Asimismo, en Burgos es utilizado el término, y como muestra un botón de la página de Sandoval de la Reina: “dalla : dalle de hoja más estrecha, utilizado especialmente para segar hierba. dalle : m. - por guadaña (este término es entendido, aunque no usado)”.
De la misma forma, para la provincia de Palencia pongo la referencia del Vocabulario Palentino Etimológico: “DALLE: (Del lat. daculum). m. Instrumento para segar hierba. Es más ancho que la guadaña aunque se suele confundir con ella
En la zona vascófona no se emplea el término, ya que en euskera se dice “sega” a la herramienta, salvo en la comarca vizcaina de Las Encartaciones, donde la palabra utilizada es, en todos los casos, “dallo”, al igual que en el valle de Valdegobia (Álava), cuna del castellano.
En Cantabria se usan tanto las palabras “dallo” como “dalle”, según zonas, para referirse a la guadaña de filo más ancho, mientras se le denomina “dalla” a la que tiene el filo más estrecho y más corto.
A pesar de encontrar por tierras de habla astur-leonesa alguna referencia al dalle, en los diccionarios de la zona no he podido encontrar alusiones al término, pues en la gran mayoría de lugares se nombra como “gadaña”. No obstante el DGLA sí que recoge el término:
"dalle, el. Guadaña muy gastada [Ay]. Guadaña de hoja más fina que la guadaña normal (es considerada herramienta más moderna) [Pi]."
Esto es lo que he podido encontrar colgado en la red, pero si algún amable lector puede dar mayor información sobre la palabra, tanto en lo referente a su etimología como a las zonas donde se usa, será bienvenida y agradecida.

jueves, 10 de mayo de 2007

La Ruta Quetzal pasará este año por Balmaseda y Zalla

Con motivo de la entrega del galardón "Turismo Encartaciones" a Miguel de la Quadra Salcedo en el museo de la boina de Balmaseda , El Correo publica hoy la noticia de que la Ruta Quetzal visitará este año las poblaciones encartadas de Balmaseda y Zalla.
Es un magnífica noticia para la promoción turística de Las Encartaciones, y es que Miguel de la Quadra tiene sus orígenes en esta comarca vizcaina, por lo que no le resultará desconocida.
Veo que la wikipedia recoge sus logros como atleta, sin embargo no se comenta que como lanzador de jabalina logró romper todos los records de la época, aunque no se lo homologaron, pues lanzaba la jabalina de un modo poco ortodoxo, haciéndola girar en el aire, como, al parecer había visto hacer por estas tierras.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Perros al toro, una tradición ancestral (y III)








TESTIMONIOS HISTÓRICOS



Capitel en el claustro del monasterio de San Francisco de Bermeo



El más antiguo testimonio de esta costumbre es el que se nos ofrece en una estela de Clunia (Coruña del Conde-Burgos) del siglo II, en cuyo anverso aparece un jinete portando lanza y escudo, siendo en el reverso donde se muestra una vaca con un perro sobre el lomo en clara actitud de ataque a la oreja del bovino. La pieza se conserva en el Museo arqueológico de Burgos y es la "B" del inventario de P. de Palol, quien la describe así:"Estela discoidea celtibérica con jinete en el anverso y un carnicero atacando una vaca en el reverso"
José Luis Morales y Marín se refiere a ella en su libro "Los toros en el arte", con estas palabras: "...aparece una res vacuna con un perro sobre su lomo, pudiendo representar una escena de caza para un sacrificio religioso, lo que prueba esta práctica de cacería desde épocas remotas"
Esta estela debemos relacionarla con otra, más antigua, aparecida en las proximidades, concretamente en Peñalba de Castro, y que es el primer testimonio gráfico del enfrentamiento entre hombre y toro aparecido en la Península Ibérica, así como con el "enigmático anfiteatro" de Tiermes, también en tierra celtibérica, y que parece debemos relacionar con algún tipo de sacrificio o espectáculo taurino por la abundancia de restos de este animal que han aparecido en las proximidades.
También Morales y Marín nos da la siguiente constancia histórica de similares prácticas, y ésta es en la Crónica del Emperador Alfonso VII, ya en época medieval, donde se narra tal costumbre con motivo de los festejos celebrados en honor de los esponsales de Urraca, la hija bastarda del Emperador, con García, Rey de Navarra, el día 24 de junio del año 1144 en la ciudad de León: "Y otras autoridades, aunque lo más granado de España, unas, obligando con sus espuelas a correr a los caballos según la costumbre patria, tras arrojar sus lanzas las clavaban contra una estructura de tablas construida para mostrar igualmente tanto su propia habilidad como el vigor de sus caballos, otras mataban, lanza en ristre, toros enfurecidos por el ladrido de los perros"

Del siglo XIII, tenemos dos ejemplos en la provincia de Burgos. El primero, en la misma catedral. Accediendo al templo por la puerta del Sarmental nos encontramos con uno de los vestigios de la primitiva iglesia del XIII. Se trata de una portada policromada que da acceso al claustro, y que, flanqueada por cuatro estatuas, nos muestra en tres de las peanas que las sustentan, temas alusivos al asunto que nos ocupa.

Catedral de Burgos

En dos de ellas, que forman un conjunto entre si , se puede contemplar cómo se observan toro y perro antes del encuentro, para en la tercera representar el momento en que dos perros cuelgan de las orejas del toro. La cuarta peana reperesenta una oveja. Todo ello preciosamente coloreado.

Catedral de Burgos

El segundo ejemplo lo encontramos en la Iglesia de Santa María del Campo, pueblo que, como ya he dicho, pertenece a la provincia de Burgos. En uno de los capiteles de la zona más antigua conservada del templo puede verse cómo un perro atrapa la oreja de un toro.

Santa María del Campo


Asimismo, de finales del siglo XIII o principios del XIV, en el claustro de la catedral de Pamplona ha quedado reflejada, en un capitel, esta peculiar forma de captura y sometimiento del ganado vacuno con perros de presa. Dos fuertes perros cuelgan de las orejas de un no menos potente toro bravo.
También de principios del siglo XIV es el testimonio, asimismo navarro, de una de las esculturas del camino de ronda de la iglesia de Ujué, donde, claramente relacionado con el testimonio catedralicio anterior, vuelve a aparecer descrito el mismo lance entre perros y toro.
También son abundantes las referencias a esta costumbre en la literatura española, siendo la más antigua la referencia que se hace en la Granada del S. XIV, tal y como nos recuerda Demetrio E. Brisset:
"En otro lugar habla del valle de la Plata, cerca del Generalife, donde: «destinado a lugar de recreo y esparcimiento estaba el palenque abierto en el que los caballeros, así moros como cristianos, solían ventilar sus recíprocos agravios y querellas, la plaza de torneos, corridas de toros con perros alanos y otras fiestas» (En el Ihàta, citado por L. Eguiluz, Informe. Granada, 1881)
Estos toros o «vacas salvajes» eran atacados primero con fuertes perros alanos, que se colgaban de las orejas como si fueran pendientes, restándoles vigor (en función parecida a la de los actuales picadores), para entrar luego en la lidia los hombres, que solían montar a caballo y emplear el rejón. También menciona el juego al-tabla, consistente en un blanco de madera colgado en el aire, contra el que los caballeros tiraban sus lanzas (Mojtar Abbadi, «Las fiestas profanas y religiosas en el Reino de Granada», Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, Granada, 1965, t. XIV, citado también el Ihàta)"
Tambien del siglo XIV tenemos la noticia de Juan I, que el 19 de Abril de 1387 hizo preparar en Fraga toros "dels pus braus que puxen trovar" para probar unos alanos que le habían llegado de Castilla.
Posteriores, de época renacentista, son los testimonios que se han conservado en algunas catedrales españolas. De ésta época es la talla de la misericordia de la sillería del coro de la catedral de Ciudad Rodrigo, donde aparece magníficamente dibujado el lance del agarre por la oreja de un perro sobre un toro. Igualmente en la sillería del coro del monasterio de Yuste aparece un vacuno enmarcado por dos perros, así como en la catedral de Barcelona, donde son dos perros los enmarcados por sendos toros.



Peana en el claustro de la Catedral de Bilbao


También a esta época corresponde la representación del mismo motivo que se localiza en el claustro de la Iglesia Catedral del Señor Santiago de Bilbao. Se trata de una peana donde aparece primorosamente representado el agarre de dos grandes perros sobre un toro; el cual, labrado con admirable pericia, parecería representar claramente un magnífico ejemplar de la anteriormente mencionada raza monchina con dos perros prendidos de sus orejas. Íntimamente relacionada con esta imagen tenemos una ménsula en el claustro del monasterio de San Francisco de Bermeo. Estas dos piezas presentan tal parecido que me permito suponerlas procedentes del mismo taller, dada su relativa coetaneidad, o tal vez sea la pieza bilbaína copia de la bermeana, pues el claustro franciscano se supone anterior. También en el claustro de San Francisco de Bermeo podemos ver otra ménsula cuyo motivo hace referencia al mismo tema: dos grandes perros pelean con un toro, si bien en esta ocasión, los perros no atacan las orejas del rumiante, sino su cuello.


Ménsula en el claustro del monasterio de San Francisco de Bermeo


Del siglo XVI es la referencia que hace Argote de Molina en su Discurso sobre el libro de la Montería de Alfonso XI, y nos dice ésto al describir una fiesta de toros:
"…Ultimamente sueltan alanos que, haciendo presa en ellos, los sujetan y rinden…"
Posterior es la alusión que hace, en referencia a esta costumbre de atrapar toros y vacas con perros de presa que se cuelgan de sus orejas, Quevedo, en sus poemas satíricos:
"…Con tres estilos alanos
quiero asirte de la oreja,
porque te tenga mi queja,
ya que no pueden mis manos."
También Lope de Vega en La Dorotea lo menciona:
"…te figuro como suda un toro en el coso a quien han echado un alano, que con la parte que le queda libre se va defendiendo, pero achándole otro, se rinde, y, con igual fatiga, los lleva a entrambos colgados de las orejas como arracadas…"
Y hasta el mismo Cervantes en El coloquio de los perros nos habla de ello:
"BERGANZA.- «Paréceme que la primera vez que vi el sol fue en Sevilla y en su Matadero, que está fuera de la Puerta de la Carne; por donde imaginara (si no fuera por lo que después te diré) que mis padres debieron de ser alanos de aquellos que crían los ministros de aquella confusión, a quien llaman jiferos. El primero que conocí por amo fue uno llamado Nicolás el Romo, mozo robusto, doblado y colérico, como lo son todos aquellos que ejercitan la jifería. Este tal Nicolás me enseñaba a mí y a otros cachorros a que, en compañía de alanos viejos, arremetiésemos a los toros y les hiciésemos presa de las orejas. Con mucha facilidad salí un águila en esto.» "
Del siglo XVIII merece destacarse una de las estampas que nos dejó Antonio Carnicero en su "Colección de las principales suertes de una corrida de toros", publicada en 1.790, y en donde aparece perfectamente reflejado el momento del combate entre perros y toro.También Goya nos dejó excelentes testimonios de este lance taurino en la serie de grabados de La Tauromaquia, números 25: "Echan perros al toro" y 36: "Perros al toro", así como en la lámina titulada: "Toro acosado por perros", que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Del siglo XIX es el cuadro conocido como "Plaza partida", de Jenaro Pérez Villaamil, en el cual se representa el mismo motivo de los perros atacando al toro en un coso taurino.
En el siglo XIX parece que la costumbre se fue extendiendo bastante, aunque se sigue considerando un espectáculo exótico en los festejos taurinos, como queda reflejado en el texto del cartel que nos proporciona José Luis Morales y Marín del 7 de Febrero de 1802: "Concluido este espectáculo seguirá otro no menos digno de aprecio y competencia del público, tanto por lo raro de su invención como por ser un objeto extraño, y acaso nunca visto en dicha plaza: se reduce, pues, a presentarse en ella a sujetar el primero de los novillos una arrogante perra de presa conocida vulgarmente por la del Cerrajero, cuya escena no puede menos de hacer más completa la diversión, al ver a la citada perra arrojar de sí varios fuegos artificiales de que irá vestida, sin que sus efectos sean capaces de intimidarla, ni retraerla de la idea que se propone en su lid de sujetar al novillo". Lamentablemente, el autor no menciona el lugar donde se celebró el festejo.
Incluso Picasso en la colección de aguatintas conocidas como "Tauromaquia de Pepe Hillo" se hace reflejo de esta tradición en los años 50 del siglo XX.

BIBLIOGRAFÍA

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Zaldibar, M. , Santamaría, R. (2003). "Villaverde de Trucios en el corazón". Salgai Editorial, S.L., Abanto y Zierbena (Bizkaia)

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Morales y Marín J. L., "Los toros en el arte". Ed.: Espasa Calpe, S.A.. Madrid, 1987

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http://www.ugr.es/~pwlac/G05_06DemetrioE_Brisset_Martin.html

Asociacion Cultural La Cabaña Brava. http://www.toroszgz.org/tauromaquia/tradicional/historia.htm

"El alano en la literatura": http://usuarios.lycos.es/jovenes_alaneros/alano_literatura.html

domingo, 29 de abril de 2007

Perros al toro, una tradición ancestral (II)

Viene de "Perros al toro, una tradición ancestral (I)"



Los Villanos de Encartaciones



Hasta mediados del siglo XX, se conservó, en la zona encartada occidental, una raza de perro conocida por los lugareños como "Chatos" o "Perros de Presa". Se trataba de un animal grande, de más de 40 o 50 Kg., barreado o atigrado, morro extremadamente corto, arremangado, de tal manera que el labio inferior no le cabía en la boca, plegándose de forma tal que, en relajación, dejaba escapar por la comisura de los labios abundante secreción salibal. Esta característica, debe tener en zoología algún término apropiado para expresarla, pero yo lo desconozco. Era un perro contundente, de mordida fuerte e instinto inmejorable para la tarea que le era encomendada, pero tenía un grave defecto, seguramente fruto de las innumerables selecciones hechas desde antaño: era demasiado chato. Esta característica le restaba capacidad respiratoria, por lo que no era capaz de carreras superiores a los 50 o 60 metros persiguiendo su presa. Era costumbre, mantenida hasta la actualidad, el cortarle las orejas cuando no contaban más de uno o dos meses de vida. De esta forma, las orejas les quedan levantadas y adquieren una forma peculiar.
Dada la escasa capacidad en carrera de aquellos Chatos, la captura del ganado debía realizarse con dos razas de perros complementarias. En un primer lance, los conocidos como villanos, perros sin características definidas, de ahí su nombre, aunque con un instinto básico, el de atacar al ganado mordiendo en la parte baja de las patas traseras, conducían la res en la dirección que fuera menester para acercarla a los chatos. Una vez que el ganado llegaba al lugar de encuentro previsto con anterioridad, entraban en acción los chatos, los cuales debían atrapar el ganado mordiendo en la oreja de la vaca o toro, donde permanecerían colgados, hasta que éste, cansado y derrotado, se rendía y tumbaba. El encuentro debía ser, como ya he comentado, en trecho corto, pues de otra forma el chato se agotaba y no era capaz de enganchar la oreja del animal perseguido. Pero una vez trabada la oreja, el perro no la soltará fácilmente. Incluso al amo le costará trabajo convencer al can, debiendo en ocasiones recurrir a la asfixia del perro para conseguir que, abriendo la boca, suelte su presa.
Parece ser que ya en la tardo antiguedad se empleaba similar sistema de caza, al menos en el vecino pais de los franceses, como nos informa Michel Rouche:
"Aquella guerra entre el hombre y el animal tenía la ventaja de procurar no sólo el placer de matar, sino también la intimidad con el animal doméstico cuyo instinto había de ser dirigido por el hombre. Para la caza a caballo, los galo-romanos utilizaban perros de dos tipos, los de Umbría y los molosos, tal vez el equivalente de los perros corrientes y de los dogos que agarraban a la bestia por el cuello. Los burgundios empleaban el perro de jauría, un animal rápido, el segusiavo, un perro muy apto para la persecución, y el petrúnculo, quizás otra especie de dogo."
Lamentablemente, el autor no menciona la fuente que le permite hacer estos comentarios y yo la desconozco, por lo que no puedo saber si estas prácticas también se empleaban con el ganado bovino salvaje, o en otras zonas, en esta época.
En el territorio peninsular, también tenemos testimonios antiguos de esta práctica cinegética en sendos fragmentos de los vasos de Liria y Alloza, donde aparecen perros utilizados para la caza de jabalí y ciervo respectivamente, y aunque aparecen en ellos actividades humanas con vacunos, ninguna de ellas se podría asimilar con la práctica que nos ocupa.
Tampoco conozco nada de la utilización de estas artes en la captura de vacunos bravos en la península ibérica durante los primeros siglos de su conquista por Roma, ya que ninguna de las referencias a animales objeto de acitividades cinegéticas que he podido enconrtrar hacen mención alguna del ganado bovino. Se mencionan conejos, ciervos, jabalíes, cabras y caballos, incluso se mencionan razas de perros ibéricos empleados en la caza, pero ni palabra de vacunos. Deberemos esperar hasta el S.II para acceder a la primera prueba de la existencia en la península de estas prácticas con bóvidos salvajes, como veremos más adelante.
En la actualidad, esta práctica, tal y como he narrado, se ha visto modificada, ya que a mediados del siglo XX, los Chatos o Alanos comenzaron a cruzarse con los Villanos, buscando un perro de presa que a su vez tuviera carrera de persecución, de tal forma, que no fueran necesarias dos razas de perro en la tarea. De estos cruces nacieron los actuales Villanos de las Encartaciones, excelentes perros de presa y con capacidad respiratortia suficiente para perseguir y trabar con éxito las orejas del toro o vaca deseado . Es curisísimo constatar como se ha seleccionado el instinto en estos animales, dóciles, mansos y obedientes con el hombre, pero, a la vez, con una clarísima tendencia natural para el ataque a las orejas de los vacunos.
En estos momentos, la tradición tiene menos utilidad que antaño, pues el ganado monchino, muy amansado hoy en día, no precisa tanto de estas prácticas de agarre, y este tipo de captura sólo suele emplearse con el objeto de sacar del bosque los terneros pequeños para marcarlos, pues dada su escasa estatura, se esconden bien entre la maleza de los cada vez más abundantes bosques.
Sobre el estado de la cuestión a finales de los 60, tenemos el testimonio del torero Balmasedano conocido como Platillerito, quien nos comenta:
"....los toros monchinos, que tanto abundaban en aquellos tiempos (Edad Media), y se criaban en estado salvaje en la Sierra de Ordunte, en los montes de Carranza, Arcentales, Villaverde, Guriezo, Sopuerta, Galdames y en las cumbres que rodean a Valmaseda, las sierras de Colisa y Arbaliza; aquellos toros bravos, de los que todavía quedan algunos, aunque escasos ejemplares, se cogían por los monteros, por un procedimiento parecido al rodeo del oeste americano, con lazos, después de sujetarlos por las nalgas y orejas, y perros de presa amaestrados para estos menesteres. Todavía se cogen empleando este sistema los toros monchinos destinados al matadero de los pueblos de Villaverde, Arcentales y Carranza.
En la actualidad, esta clase de ganado no se puede lidiar en plazas de toros, por no estar encuadrados los ganaderos en el sindicato de criaderos de reses de lidia, ni poseer hierro ni divisa sus propietarios
..."
De la misma forma que podemos intuir la presencia de la raza monchina en la comarca desde épocas antiquísimas, lo mismo podríamos decir de la comentada costumbre de la captura del ganado con la presa de los perros en las orejas de las reses. Quizás deberíamos pensar en una de las más antiguas formas de domesticación de vacunos. No obstante, y aunque no podamos demostrar tanta vetustez, veremos que la antiguedad de esta costumbre queda constatada por diversos testimonios tanto gráficos como escritos que comentaremos más adelante.
Sobre esta tradicional forma de atrapar el ganado bravo en la montañas de Las Encartaciones, Jesús Mª Palacio recoge, en su libro sobre la tradición taurina en Trucios, las impresiones al respecto de Adolfo Roldán, redactor del desaparecido diario "La Gaceta del Norte", y que yo reproduzco aquí por la aguda interpretación que, en mi opinión, hace con sus palabras de la tradicional "pesca del toro":
"El aullido ronco de un villano señala el principio de la fiesta, fiesta más brava que el rejoneo, más espectacular que el toreo a pie, y mucho más primitiva que el encierro. Una fiesta excitante, cálida, sangrienta a veces, que dura horas o minutos, según la suerte y sagacidad de caballistas y monteros. Una fiesta brava por esencia, enmarcada en un paisaje agreste de caminos ásperos, como cortezas de coníferas y arroyos transparentes como el oxígeno de la montaña. Una fiesta, en fin, sólo para iniciados, donde los olés suenan a euskera y los aplausos a zortziko. Una fiesta vedada a los turistas, a las mantillas y al toreo oficial. Es la captura del toro bravo."
Emotiva descripción, aunque un poco exagerada en cuanto a las referencias euskaldunes, dadas las peculiares formas de cultura lingüística, particularmente castellanas, de esta región vizcaína. Para los interesados, la actividad ha quedado recogida en uno de los videos de la serie documental "Un pais en la mochila" del célebre Labordeta. Tambien se recoge en sendos documentales de la EITB y de TVE 2 que se pueden conseguir en el pueblo de Trucios.
Esta forma de recogida del ganado bravo, no ha sido exclusiva de esta comarca a lo largo de la historia, y como veremos, hay diversos testimonios de la misma en otras zonas de la geografía peninsular, así como en otros paises, quedando bien patente este hecho en el nombre dado a la raza de perros conocida como bulldog en Inglaterra, aunque parece que allí tuvo un carácter menos práctico, ya que la actividad se reducía al mero espectáculo de la lucha de los perros contra el toro. En la Península Ibérica, esta actividad ha estado ligada a una raza de perro conocida como Alano y ha sido también frecuente en los cosos taurinos hasta épocas recientes. Es interesante, respecto a este tema, lo que nos dice Araceli Guillaume, hablando de la fiesta en el S. XVI:
"Los perros, que muchas veces partícipaban en los espectáculos taurinos no eran cosa nueva. Su utilización tiene un origen venatorio y hace de los espectáculos taurinos una espeúe de "montería en cosso" como los denomina Argote de Molina.
Sin embargo, su actuación parece haber constituído en muchas ocasiones un capítulo cómico-grotesco del espectáculo. En otras, tuvieron una utilidad directa para servir de acicate a toros mansos o para, al contrario, controlar a uno particularmente bravo, pero el efecto producido por lo general era irresistiblemente cómico, al menos para los observadores extranjeros:"Cuando los toros más vigorosos han cansado a todo el mundo, el rey ordena que salgan seis grandes mastines que la Villa cría y amaestra con ese propósito[...] atacan al toro colgándosele de las orejas o cogiéndolo por el cuello. Es a mi parecer lo mejor de la fiesta[..] lo que siempre gusta'. CAREL de SAINTE-GARDE, Mémoires curieux..., p. 34-35.
"
En la actualidad, algunos criadores de perros aseguran haber recuperado, a partir de ejemplares recogidos en esta comarca vizcaina de Las Encartaciones, la antigua raza de perros hoy conocida como "Alano español". Personalmente, pongo en duda tal posibilidad, ya que creo que las referencias que se hacen de tal animal en los textos,crónicas e imagenes, no se refieren a raza concreta, sino que hacen alusión al oficio al que se dedican determinados perros, especialmente cualificados para la presa y el agarre, pero sin características raciales definidas. De otro lado, el parecido de estos actuales alanos con los antiguos chatos encartados es pura quimera. Lo que si parece indudable es que aquellos chatos fueron el último testimonio de perros de presa autóctonos que ha perdurado en la península, y los actuales Villanos de Las Encartaciones, sus descendientes más directos en lo referente a su instinto como perros de presa.


Dedicaré la tercera parte de este artículo a los testimonios históricos sobre esta práctica, y a la bibliografía.

miércoles, 18 de abril de 2007

Fotos de ganado monchino

Casualmente hoy he podido hacer unas bonitas fotos de monchinos, ya que este fin de semana se celebra en Trucios una exposición de esta peculiar raza bovina y han bajado del monte unos cuantos ejemplares especialmente escogidos para el evento. Os dejo aquí una muestra, el resto las he colocado en la primera parte del artículo de "Perros al toro, una tradición ancestral"

domingo, 15 de abril de 2007

Balmaseda, otra vez noticia

Acabo de leer en El Correo la noticia de que se va a habilitar uno de los antiguos castillos de la villa como parque arqueológico. La noticia me parece estupenda, ya que dado el auge turístico que la comarca de Las Encartaciones está experimentando, éste puede ser un nuevo reclamo que atraiga visitas a esta comarca, por otra parte hasta ahora, tan olvidada.

La noticia me viene al pelo para colgar lo que sobre estos castillos nos decía D. Juan Ramón de Iturriza y Zabala en el S.XVIII y la apostilla que sobre el tema nos dejó D. Ángel Rodríguez Herrero:

"Según escribe el P. Fray Martín de Coscojales en el tercer volumen de sus Antigüedades, fue poblada Balmaseda hacia el año de 735 por los naturales de su comarca, con el objeto de impedir que se internasen los moros poe aquella parte de Vizcaya, reforzando con dos castillos que aún existen, el uno en sitio eminente en jurisdicción de la villa de su banda septentrional y distancia de unos 380 pasos, y el otro nominado de La Piedra a la parte oriental en el limitado de Zalla, distante 880 pasos, el cual reedificado posteriormente tiene las armas del Condestable y Duque de Nájera. (Este hermoso castillo fue volado durante la guerra civil de 1833 a 1839. También entonces acabó de desaparecer el otro castillo)"

miércoles, 11 de abril de 2007

Hallazgo arqueológico de una ferrería del S.XV en Balmaseda

Hace unos meses escribí un artículo sobre la boina en el Pais Vasco, aprovechando la apertura del Museo de la Boina, en el recinto de la antigua fábrica de boinas “La Encartada”, en Balmaseda. Pues bien, hoy ha saltado a la prensa la noticia del hallazgo, en los terrenos de la fábrica, de una antigua ferrería que parece remontarse al S. XV y que podría ser la más importante de toda la cornisa cantábrica.
La ferrería parece corresponder con la que el concejo tenía a fines del S.XV. Época que coincide con la construcción, en la misma villa, en el barrio de la Penilla, de la primera ferrería de martinete de toda la península, ya que se atribuye a Marcos de Zumalabe, vecino de Balmaseda, la construcción de la primera ferrería con esta técnica, según se desprende del pleito que contra él mantuvo, en el año 1525, el milanés Juan Tomás Fabricario, beneficiario, por parte de los Reyes Católicos, del privilegio de monopolio para la construcción de tales ingenios mecánicos en el reino, según nos cuenta Ángel Rodríguez Herrero en una nota a la publicación de la “Hª General de Vizcaya y Epítome de Las Encartaciones” de J.R. Iturriza y Zabala, en el año 1967.
La coincidencia en la ubicación de las dos actividades fabriles no parece casual, ya que, probablemente, la fábrica de boinas eligió este lugar para asentarse valorando el salto de agua que se conservaba de la antigua ferrería.

martes, 10 de abril de 2007

Perros al toro, una tradición ancestral (I)




El ganado monchino



Entre los ríos Barbadún por oriente y Asón por occidente, sin lindes precisos, se dibuja un territorio que, limitando con el Cantábrico al norte y los montes de Ordunte al sur, ha albergado, y aún hoy alberga en su seno, una raza de vacuno bravo cuya antigüedad en la zona será seguramente milenaria. Se trata de la raza de vaca monchina.
El característico aislamiento de los montes en que han habitado con plena libertad, las similares condiciones de vida en este hábitat desde la antigüedad hasta prácticamente nuestros días, así como la magnífica adaptación del animal al entorno en el que vive, es lo que nos permite pensar en el primitivismo de sus carácterísticas morfológicas, que alcanzaron hasta el último tercio del Siglo XX. Al día de hoy, la raza se encuentra muy mezclada con otras más mansas y productivas, aunque se está incentivando, desde las administraciones públicas, la conservación de la especie con sus características más originales.
De la antiquísima presencia de animales vacunos en la comarca, existen dos testimonios básicos, uno es el de la cueva de Ventalaperra (Carranza), en la zona occidental del territorio propuesto, donde, durante el periodo Paleolítico, la mano del hombre prehistórico dibujó, con inusitada maestría, la imagen de un ancestral Uro, el conocido antecesor de las actuales razas de bovinos. El segundo testimonio correspondería a la cueva de Arenaza (Galdames), en el margen oriental de la comarca, donde aparecen testimonios pictóricos similares. En esta última cueva, además, se tiene la más antigua constancia arqueológica de la presencia de bóvidos amaestrados en el Cantábrico, como nos informa la Universidad de Cantabria:
"Comenzando por la fauna -la parte en la que las investigaciones están más avanzadas-, los indicios obtenidos por el momento confirman la presencia de porcentajes significativos de animales domésticos en la primera mitad del V milenio cal BC, varios siglos antes del contexto más antiguo que estaba documentado hasta ahora (Castaños 1995), la cueva de Marizulo (Urnieta, Guipúzcoa), de fines del V milenio. Los datos más concretos y más seguros son los obtenidos a partir de muestras procedentes del nivel IC2 de las excavaciones practicadas en la cueva de Arenaza (Vizcaya) por J.M. Apellaniz y J. Altuna (1975). Se han datado un molar y un metatarsiano de bovino, identificado por uno de nosotros (JA) como Bos taurus, en un momento muy inicial del V milenio cal BC (véase Arias y Altuna 1999 para un estudio detallado de estas fechas –OxA-7157 y OxA-7156- y su contexto). Estos datos son coherentes con los de la secuencia de Kobaederra, en la que, aunque no se ha finalizado aún el estudio arqueozoológico completo, se ha podido determinar la presencia de fauna doméstica (al menos Bos taurus y ovicaprinos domésticos) desde los estratos más antiguos, datados, al menos, en el segundo tercio del V milenio. Conviene recordar que, en el caso concreto de Arenaza, no nos hallamos ante restos aislados de domésticos, sino ante una muestra procedente de un contexto con un claro dominio de la fauna doméstica (79 % del total) sobre la silvestre, y con una considerable variedad (están presentes, además de la cabra y la oveja, el cerdo y la vaca, que alcanzan porcentajes del 28,6 % y el 23,1 % de los domésticos, respectivamente) (Altuna 1980; Mariezkurrena 1990). Parece, por lo tanto, que se trata de un yacimiento correspondiente a grupos que desarrollaban una actividad ganadera consolidada a comienzos del V milenio. Es importante destacar el solapamiento existente entre las fechas del nivel IC2 de Arenaza y las de contextos claramente atribuibles a poblaciones de cazadores y recolectores, en particular el campamento costero de Herriko Barra (Zarautz, Guipúzcoa) (Mariekurrena y Altuna 1995). Al margen de otras consideraciones sobre el desarrollo del proceso de introducción de las especies domésticas (vid. infra) este dato sugiere que es bastante improbable que se puedan obtener fechas mucho más antiguas que las de Arenaza para la primera presencia de fauna doméstica en el Cantábrico."
Además y según el mismo informe, estos grupos humanos del Neolítico, serían fruto de la evolución local de los mismos habitantes de la comarca en el Mesolítico, por lo que podríamos pensar en una evolución conjunta de hombres y animales dentro del mismo territorio:
"Los datos obtenidos en las investigaciones desarrolladas en los últimos años refuerzan las hipótesis que interpretan la neolitización cantábrica como un proceso desarrollado básicamente en el seno de las sociedades de cazadores y recolectores de la región. A ello apunta la aparición de los primeros indicios neolíticos (especies domésticas, cerámicas) en contextos que no presentan rupturas con el Mesolítico local. Así, es frecuente que se documente la continuidad en el uso de un mismo espacio, hecho constatado en numerosas excavaciones antiguas y que se ha visto confirmado en varias de las recientes (por ejemplo, en La Garma A, Arangas, El Mirón o Los Canes). "
Conviene también, por otra parte, hacer mención de la abundancia de estaciones megalíticas en las zonas naturales de habitación de estos animales salvajes en la actualidad, en los cordales montañosos de los mazicos que conforman el relieve de la zona, lo que nos induciría a pensar en una continuidad, todavía más dilatada en el tiempo, de la cohabitación de hombres y animales dentro de este mismo espacio, desde las épocas remotas del Paleolítico hasta nuestros días. En este sentido, es interesante el comentario de Milagros Esteban Delgado, en relación con la perduración, desde épocas remotas, de los mismos modos de explotación ganadera en El Pais Vasco Atlántico:
"La introducción de especies domésticas y el pastoreo no hicieron sino incrementar los lazos entre una actividad económica y un medio físico que se adaptaban perfectamente, creando una estrecha simbiosis entre el hombre y la montaña que posibilitó la perduración de esta forma de vida a lo largo de los siglos hasta nuestros días. Las pruebas concluyentes de esta situación las encontramos en el Eneolítico con la construccion de los primeros monumentos megalíticos, que subsistirán a lo largo de la Edad del Bronce y del Hierro."
En la misma linea, refiriéndose en este caso a la zona encartada, se expresa también Sofía Álvarez, en su monografía sobre el Valle Encartado de Trucios:
"En cuanto a los monumentos megalíticos, podemos afirmar que la máxima concentración de manifestaciones en Bizkaia tiene lugar en la comarca de Las Encartaciones. Quizá este hecho esté relacionado con la pervivencia del pastoreo hasta fechas recientes y aún sigue dominando en el paisaje amplias áreas dedicadas a prados. Sin embargo en otras comarcas el bosque, esencialmente de coníferas, ha invadido los antiguos espacios abiertos, ocultando o destruyendo gran parte de estos vestigios."
Podríamos pensar, por tanto, en el origen autóctono de estos animales , así como en la antigüedad de su aprovechamiento por los hombres que, como hemos podido ver, han compartido con ellos los mismos espacios de habitación. De la misma forma, podemos suponer una continuidad en los modos y maneras de explotación ganadera, lo que ha provocado el mantenimiento de usos y costumbres ancestrales para las que si bien no podemos asegurar una datación concreta, en función del origen claramente venatorio de algunas de ellas,deberemos suponer antiquísima.
Recientemente, y referente al pueblo cántabro de Villaverde de Trucios, se ha publicado una monografía sobre temas de etnografía y viejas costumbres, en el que se hace la siguiente descripción de esta especie vacuna:
"Es un animal de rasgos bien característicos: pequeñas dimensiones, pelaje denso y gran robustez, resultado de una asombrosa adaptación a las rigurosas condiciones del medio en el que vive (frío extremo durante el invierno y escasez de comida), ya que a diferencia de otras razas permanece en el monte durante todo el año.
Los expertos emparentan esta especie con los bovinos prehistóricos y matizan que su origen está directamente vinculado a su localización geográfica, un área aislada geográfica y culturalmente durante mucho tiempo. En este enclave confluían las razas roja turdetana (origen Prepirenaica) y el tronco castaño cántabro (del que deriva la Tudanca). De la presión de estos dos troncos tuvo su origen la vaca monchina."
El carácter bravo de esta raza, junto a otras características, motiva que se la relacione con las famosas castas de toros bravos de la Ribera Navarra, como hace Jesús Mª Palacio:
"Los antecedentes más inmediatos del toro en nuestra zona, se encuentran en la selección que se realizó en la Ribera Navarra y por la que se creó la casta que lleva su nombre. Este toro navarro, que por el siglo pasado gozó de un merecidísimo prestigio, se criaba desde tiempos inmemoriales, y era un ganado pequeño, aunque de mucha sangre y bravura. Esto nos demuestra la presencia milenaria de estos toros, y la cercanía geográfica con nuestra comunidad"
Cuando, en 1.960, Pertica y Eceizabarrena estudian los animales salvajes del Pais Vasco, se ocupan de la vaca vasca o pirenaica, origen de la casta navarra, que ha dado origen a ganaderías de tanta fama como la de Miura. Pero para la época en que escriben, parece que está casi desaparecido el carácter salvaje de estos animales, que en su mayoría pastan ya en fincas de propiedad particular, conservándose, en estas fechas de inicios de los años sesenta, las últimas manadas semisalvajes sólo en los pastizales de montaña de los valles de Roncal, Salazar y Aezcoa, proceso que los autores describen así: "En estos últimos tiempos se acostumbra llevar el ganado vacuno a los pastos cercanos de propiedad particular y esta ha sido la última etapa recorrida desde el primitivo "basabei" o vaca en estado salvaje de nuestros montes, hasta la vaca actual completamente educada."
Domingo Delgado de la Cámara hace descender esta casta navarra del bos taurus primigenius origen de los toros de lidia actuales, aduciendo la bravura como elemento diferenciador fundamental entre las distintas razas de bóvidos, a pesar de la opinión de la mayoría de expertos que lo hacen descender del bos taurus brachiceros., De esta forma, según Domingo Navarro, el toro navarro tendría un origen común con el resto de las castas bravas peninsulares, mientras que la opinión más extendida le atribuye un origen diferenciado, coincidente con el resto de las razas domésticas actuales, por lo que su carácter fiero tendría más relación con su modo de vida salvaje que con sus genes.
Entre estas dos razas de bovinos, la Pirenaica y la Monchina, existen evidentes relaciones de parentesco, a pesar de las diferencias morfológicas entre ambas, que debemos atribuir a una evolución independientey autóctona, dentro de ámbitos geográficos de características diferentes, pero que mantienen ciertas características propias que las diferencian de otras razas vecinas, como opina el Dr. Staffe: "...en las cadenas de montañas que rodean al vértice del Golfo de Vizcaya , se ha conservado un ganado vacuno completamente característico, algo diferente por su aspecto exterior, de las razas inmediatas al Norte y Sur y que con su pequeñez chocante, da la impresión de su absoluta primitivez".
El espacio ocupado por los animales de raza monchina, que abarca zonas de las tres provincias limítrofes de Bizkaia, Cantabria y Burgos, es un terreno montuoso, con abundantes bosques naturales y de plantación en la actualidad, en cuyos cordales pastan de forma salvaje y libre las distintas manadas de reses bravas. Este carácter abrupto del terreno y el genio salvaje y bravo de los animales han motivado, a su vez, la perduración, sobretodo en la zona que tiene su centro geográfico en el valle del Agüera, de una ancestral forma de captura y manejo de este tipo de ganadería. Se trata del agarre de reses con perros de presa, o como se la conoce en la zona "la pesca del toro", actividad que a su vez es el motivo de la perduración de una raza de perro, conocida como Villano de las Encartaciones, y que al parecer es el heredero inmediato de los famosos Alanos, numerosas veces aludidos, tanto en la literatura como en la pintura y que será el tema de la segunda parte de este trabajo.

Continua con "Los villanos de Encartaciones"