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sábado, 7 de marzo de 2009

Sobre la crucifixión y los crucifijos de Iruña-Veleia

Todavía, al día de hoy, no se conoce con seguridad la forma exacta, si es que sólo existió una, en que se crucificaba a los reos en época romana. Las distintas fuentes clásicas que nos hablan de crucifixiones, Tito Livio, Flavio Josefo, Séneca, etc... hablan de diferentes posturas entre los crucificados. Así se nos recuerda en la revista Humanitas, Nº 18:
“La crucifixión se practicaba de distintas formas. “Veo cruces en ese lugar -escribe Séneca- no todas del mismo tipo (non unius quidem generis), sino construidas de distintas maneras por unos y otros: hay quienes cuelgan a sus víctimas cabeza abajo (capite quidam conversos in terram suspendere), otros las empalan (alii per obscena stipitem egerunt), otros extienden los brazos sobre el patíbulo (alii brachia patibulo explicuerunt)” (Dial. 6, 20, 3). Así, los verdugos podían satisfacer su sadismo en las formas más feroces.”
“Flavio Josefo nos entrega un testimonio ocular de la crucifixión colectiva de un grupo de individuos que procuraban salir de Jerusalén, sitiada por las tropas romanas bajo el mando de Tito. “En el momento de la captura (...) eran flagelados, sometidos a toda clase de suplicios antes de morir crucificados delante de los muros. Tito se compadecía del sufrimiento de las víctimas, pero por ser demasiado numerosas -alrededor de 500 diarias- no era posible correr el riesgo de liberarlas o someterlas a vigilancia, de manera que autorizó a sus soldados para proceder de acuerdo a su propio criterio, tanto más por cuanto esperaba que el horrible espectáculo de las innumerables cruces indujera a los sitiados a rendirse. Así, los soldados, bajo el impulso del odio y el furor, ridiculizaban a los prisioneros, crucificando a cada uno de ellos en una posición diferente, y dado el número de los mismos, tanto el espacio como las cruces para los cuerpos eran insuficientes” (De bello iudaico 5, 449-451).”
Tradicionalmente, se ha pensado que se les crucificaba con las piernas extendidas, apoyando los pies en el “suppedaneum”, uno sobre otro, y atravesados por un clavo, de forma que una de las piernas quedaría levemente flexionada, y la otra perfectamente estirada. Esta es la forma usual de representar a Cristo crucificado en toda la iconografía conocida, con las piernas, a lo sumo, levemente flexionadas de frente.
Sin embargo, los estudios médicos sobre el fenómeno de la crucifixión, así como algún hallazgo arqueológico, han hecho replantearse estos conceptos, y en la actualidad se apuesta porque fuera mucho más probable y común, una postura con las piernas flexionadas lateralmente.
Se piensa que la tortura y muerte del crucificado, junto a otras causas, estaría relacionada con las dificultades respiratorias del ajusticiado, por lo que con las piernas flexionadas podría incorporarse mínimamente para respirar, pudiendo, de esta forma, alargar la agonía. En algunos casos, incluso se les proveía de el “aculeus” o “sedile”, palo en forma de cuerno colocado a la mitad del poste vertical, donde podían descansar el cuerpo, sentándose a horcajadas sobre él. Con las piernas extendidas, la muerte sería mucho más rápida. Éste sería el motivo por el que los legionarios rompían las piernas de los ajusticiados, acelerando su muerte, como se nos informa en los Evangelios que hicieron con los ladrones que acompañaron a Jesús en el Gólgota. Por otra parte, la flexión de las piernas no se haría de frente, sino de costado, de forma que el peso del cuerpo caiga en vertical y no hacia delante.
En este sentido, resulta paradigmático el hallazgo arqueológico, sucedido en 1968 y en Jerusalén, de los restos de un crucificado, únicos encontrados hasta la fecha, datados en el siglo I, y correspondientes a un individuo joven de alrededor de 1,67 metros de altura.
Lo más llamativo, para el tema que nos ocupa, es que se encontró uno de los clavos de sus pies, y éste no atravesaba la parte superior del mismo, sino el talón. De este hecho se han derivado diferentes teorías, aunque todas ellas coinciden en afirmar, que la postura del crucificado sería con las piernas flexionadas lateralmente, en “posición fetal”.
Para completar la información, os dejo una serie de links en los que se puede seguir el tema con mayor profundidad:
Arqueologos.org:
http://www.arqueologos.org/article.php3?id_article=141
Programa BBC (en inglés)
http://www.bbc.co.uk/religion/programmes/thepassion/
Programa BBC: La crucifixión (en inglés)
http://www.bbc.co.uk/religion/programmes/thepassion/articles/crucifixion.shtml
Estudio desde una perspectiva médica (en inglés):
http://www.rsm.ac.uk/media/downloads/j06-04crucifixion.pdf
Otro estudio, donde se aportan interesantes imágenes sobre la muerte de Jesús en la cruz (en inglés):
http://www.godandscience.org/apologetics/deathjesus.pdf
Estudio en castellano con interesante información sobre aspectos físicos de la crucifixión:
http://www.loseskakeados.com/joomla/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=6032
Lo interesante de este tema, en referencia a los crucifijos de Veleia, es que en estos, a pesar de su esquematismo, en todos los casos, salvo en dos ( uno de ellos es, paradójicamente, con el crucificado boca abajo), se intenta remarcar el ángulo formado por las piernas, flexionadas lateralmente.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Sobre cruces y crucifijos paleocristianos


He dedicado estos días a leer, e intentar comprender, los informes filtrados de la comisión de expertos, que se pueden bajar en la dirección: http://drop.io/jo_ta_ke
Hay muchos aspectos que me han llamado la atención en estos informes, pero he escogido uno, que me ha parecido más interesante, ya que, siendo conocido el grafito del calvario, desde hace tiempo, ya había leído algo en la red al respecto. Me refiero a la opinión de Giuliano Volpe, recogida en el informe “informeicono”, respecto a la presencia de cruces, o crucifixiones, entre los grafitos de Veleia, pues sobre los dos temas se pronuncia:
El elemento cruz, ampliamente atestiguado entre los grafitos, no es compatible con un periodo tan antiguo, pero la cuestión más singular se centra en el hecho de que se trata de cruces vestidas, es decir se trata en realidad de crucifijos, que, como es bien conocido, aparecen únicamente a partir de mediados del siglo V d.C.”
Pues bien, como he dicho, ya había leído algo al respecto en Celtiberia.net, de manos de la profesora Alicia M. Canto. Allí se citaban una serie de testimonios gráficos de crucifixiones anteriores al siglo V, procedentes de esta página en italiano, que creo se puede entender meridianamente sin tener conocimientos del idioma.
También se citaba esta otra gema, fechada, como muy tarde, en el siglo IV: “The appearance of the Crucifixion on gems, in an unconventional composition which includes the twelve apostles, is significant for its early date, still in the 4th century if not earlier, for no other depiction of the Crucifixion is known until the 5th century. “, y cuya foto se puede observar en la web Classical Art Research Centre
Y, por supuesto, la cruz citada por Eliseo Gil, la Cruz de Herculano. Hallazgo que se puede seguir en un sencillo artículo en red de García y Bellido.
Sobre si la datación de estos testimonios es controvertida, o si la información vertida en estas webs es erronea, no tengo noticia alguna. No encuentro otra explicación a esta contradicción.
De todas formas, también he investigado, en fuentes escritas, acerca del tratamiento que el tema de la cruz tenía entre los autores de la época, y he encontrado algunas cosas interesantes:
Así, Tertuliano, hablando del matrimonio, dice:
Unidos en la Iglesia de Dios, se encuentran también unidos en el banquete divino, unidos en las angustias, en las persecuciones, en los gozos. Ninguno tiene secretos con el otro, ninguno esquiva al otro, ninguno es gravoso para el otro. Libremente hacen visitas a los necesitados y sostienen a los indigentes. Las limosnas que reparten, no les son reprochadas por el otro; los sacrificios que cumplen no se les echan en cara, ni se les ponen dificultades para servir a Dios cada día con diligencia. No hacen furtivamente la señal de la cruz, ni las acciones de gracias son temerosas ni las bendiciones han de permanecer mudas. El canto de los salmos y de los himnos resuena a dos voces, y los dos entablan una competencia para cantar mejor a su Dios. Al ver y oír esto, Cristo se llena de gozo y envía sobre ellos su paz.”(Felicidad del matrimonio cristiano (A la mujer, 9))
También de Tertuliano:
El hijo de Dios ha sido crucificado, no me avergüenzo de ello, porque hay que avergonzarse. Y que el Hijo [de] Dios haya muerto es completamente creíble, porque es absurdo. Y que, enterrado, haya resucitado, es cosa cierta, porque es imposible” (Tertuliano, De carne Christi, Cap. V)
Y del mismo autor:
“¿Y por qué zahieren por absurda la adoración de la cruz de madera los que adoran palos (159)? ¿Cómo llaman temerario el culto de un palo los que adoran vigas? ¿Qué importa que sea el traje diverso, si la materia es una, ni que sea diferente la figura, si es uno el cuerpo? Aquellas varas de los huertos en que adoráis á Palas Ateniense (160), y aquellos palos derechos que ponéis en los campos, en que adoráis á Ceres Farrea, no son también informes palos sin efigie, y leños rudos que apenas se diferencian del árbol mayor de nuestra cruz, y les dais profunda adoración? Ya veo que decís que aquellos palos derechos no son cruz, sino parte de ella. Es así; mas por ventura mostramos en esto mejor juicio, que ya que adoramos un leño le veneramos de manera que nos 205 representa á Dios entero y no partido. Ya dijimos que el cuerpa de vuestro dios, en una rueda que tiene cruz se consagra. Adoráis los trofeos de las victorias en que van pendientes los despojos, y los interiores intestinos del trofeo son cruces, porque son vigas cruzadas. La religión romana toda es castrense, insignias militares adora, banderas jura, y el estandarte real prefiere á los mismos dioses (161). Aquel dorado montón de imágenes bordadas que va en la tela pendiente de la entena de los estandartes, adorno es de las cruces. Aquellas cenefas con que se aliñan los velos pendientes del asta de las banderas (162), ó del lábaro cantábrico, adornos y estolas son de cruces, que estos estandartes, astas son cruzadas. Alabaré siempre el cuidado curioso; que adorando nosotros cruces desnudas, vosotros las adoráis adornadas.” (APOLOGÍA DE QUINTO SEPTIMIO FLORENTE TERTULIANO, PRESBÍTERO DE CARTAGO. Escrita en Roma, año doscientos de Cristo, nuestro Señor, contra los gentiles en defensa de los cristianos DIRIGIDA AL SENADO. CAPITULO XVI. ---- QUE LOS CRISTIANOS NO ADORAN LA CABEZA DEL JUMENTO, NI PALOS DERECHOS, NI AL SOL NI Á ONONICHITES)
Del siglo IV, aunque mucho más cercano geográficamente a nosotros, tenemos el testimonio de Prudencio, quien en el Peristephanon I, himno a los mártires calgurritanos Emeterio y Celedonio, en una de las estrofas, refiriédose a estos santos que han abandonado la milicia, dice:

“Caesaris uexilla linquunt, eligunt signum crucis
proque uentosis draconum, quos gerebant, palliis
praeferunt insigne lignum, quod draconem subdidit.”

Según la traducción de Alfonso Ortega que recoge Alberto Pérez de Laborda en su libro “Guía para la historia del Pais Vasco hasta el siglo IX”:
Dejan las banderas del César, eligen la enseña de la cruz, y, en lugar de los estandartes de los leones ondulantes al viento, enarbolan el madero glorioso que debeló al dragón
En definitiva, me resulta chocante la opinión del experto, pero seguramente se deberá a mi ignorancia, o a la mala interpretación, por mi parte, de sus palabras.

domingo, 12 de octubre de 2008

La ermita de la Inmaculada en Tablada de Rudrón (Burgos)


De la sencilla ermita románica de Tablada de Rudrón me han llamado la atención dos de sus elementos.
En primer lugar, la iconografía del tímpano de su portada, donde se representa a Cristo en Majestad, tal vez con la cabeza envuelta en mandorla, rodeado de ángeles que portan instrumentos de su martirio.
El Cristo aparece con las manos extendidas enseñando las llagas de sus manos. A su derecha, nuestra izquierda, aparecen dos ángeles portando la cruz, y a su izquierda, nuestra derecha, otros dos ángeles que llevan, respectivamente, uno los clavos, y el otro la lanza de Longinos.
Si bien parece ser una iconografía poco frecuente en el románico burgalés, encontramos, relativamente cerca, un paralelo, en el tímpano empotrado en el hastial de la Colegiata de San Miguel de Aguilar de Campoo.
Asimismo, similar iconografía, aunque mucho más rica en detalles, la encontramos en el dintel del arco central del exuberante Pörtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.


También llama la atención en la ermita, una pequeña talla, entrañable,de personaje con túnica, que parece ser de factura anterior a la de la ermita actual.

domingo, 7 de septiembre de 2008

El dintel de la iglesia de Gredilla de Sedano (Burgos)



En el centro del dintel aparece María, con la palma de su mano derecha levantada, en gesto habitual en vírgenes de anunciación, y con los dedos indice y medio de su mano izquierda extendidos, en idéntica postura que las vírgenes representadas en Santo Domingo de Soria o en el Convento de la Concepción, de Berlanga de Duero (Soria). Llama la atención su cabeza, ya que, como se puede observar en la foto, no corresponde a la figura original, estando su tamaño desproporcionado con el cuerpo.
A su izquierda, el Arcángel San Gabriel le anuncia la milagrosa concepción de Jesús, adoptando la habitual postura de genuflexión con la mano derecha levantada, intuyéndose el dedo índice extendido, en señal de comunicación. Al mismo tiempo, San José, que dormita, recibe en sueños la noticia del virginal embarazo de María, de manos del mismo arcángel.
Por encima de María, dos ángeles que, en la imagen original, depositarían sobre su cabeza una corona.
A izquierda y derecha de la escena aparecen San Pablo y San Pedro, respectivamente, en un segundo término, y con un tamaño considerablemente menor al resto de los personajes de la portada. Junto a San Pedro, a su izquierda, creo que hay un perro o león del que desconozco su sentido.
Lo curioso de la portada es cómo en la misma escena se representan tres asuntos teológicos diferentes: La Anunciación, la Coronación de la Virgen María y el Sueño de San José.
Sobre la oportunidad y los motivos de representar en una misma escena la Anunciación y el Sueño de San José, he encontrado esta interesante referencia acerca de un capitel de San Nicolas de El Frago (Zaragoza), en donde también aparecen ambas escenas en una:

El redactor teológico del Taller de Biota (Maestro de San Juan de la Peña o de Agüero) utilizó el Periphyseon de Eriúgena para crear esta iconografía. En concreto, ¿qué pudo leer en este libro para crear este capitel historiado?
“También el ángel dice a María: “el Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Y el mismo ángel dice a José: “José, hijo de David, no abandones a tu esposa. Pues lo que en ella ha nacido proviene del Espíritu Santo”. Según estos testimonios y otros semejantes, ¿no se nos da a conocer y a creer que el Hijo, según la carne, ha sido concebido y ha nacido del Espíritu Santo?” (Juan Escoto Eriúgena, Sobre las naturalezas)
El teólogo redactor del Taller de Biota cree de tal manera en la autoridad espiritual de la palabra de Eriúgena que si éste había escrito: “Y el mismo ángel dice a José”, acabó creyendo que él no era nadie para ponerlo en duda. Su magnífica escultura así lo demuestra
.”

Por otro lado, siendo comunes las representaciones de la Anunciación y la Coronación de la virgen en el románico, no lo es tanto que ambos momentos se representen en la misma imagen. De hecho, parece ser un motivo iconográfico típicamente hispano, pues más allá de los Pirineos no se conoce, en el arte románico, este tipo de representación combinada, que será adoptada posteriormente en Europa.
Según los expertos, este tipo de escenas, donde se fusionan Anunciación y Coronación, tendrían su origen y precedente en el relieve que, con este doble motivo, se conserva en el claustro del Monasterio burgalés de Silos.Partiendo de este centro irradiador, la composición será imitada en diversos pueblos castellanos, navarros, alaveses y riojanos, durante la segunda mitad del siglo XII.
Sobre el tema, hay un interesante y completo artículo en red.

domingo, 2 de septiembre de 2007

La cruz de San Andrés, cruz decussata. o en aspa


Son pocos los datos ciertos que sobre la vida del apostol Andrés tenemos. Guiándonos por lo que dicen de él los Evangelios, sabemos que fue el primero de los apóstoles y discípulo de Juan el Bautista; hermano de Simón Pedro y por tanto hijo de Juan o Jonás, y nacido en Betsaida (Juan , I, 35-44). Sabemos que era pescador de profesión, y que lo abandonó todo para seguir a Jesús de Nazaret (Mateo, 4, 18-20; Marcos, I, 16-18). Poca cosa más nos dicen los evangelios canónicos sobre la figura de Andrés.
Sobre su vida posterior sabemos por escritos apócrifos y otros de algunos padres de la Iglesia. Eusebio de Cesarea nos dice que predicó en Escitia, según nos cuenta en el Libro III de su Historia Eclesiastica:”Así, pues, se hallaban los judíos cuando los santos apóstoles de nuestro Salvador y los discípulos fueron esparcidos por toda la tierra. Tomás, según sostiene la tradición, recibió Partia; Andrés, Escitia, y Juan, Asia, y allí vivió hasta morir en Éfeso”. San Gregorio de Nazianzo nos informa de su predicación en Epiro. San Jerónimo nos habla de su presencia en Acaya. También se le atribuye, siguiendo principalmente a Nicéforo Calixto, su presencia en Ponto, Capadocia, Galaecia y Bitinia; en diversas colonias griegas en torno al Mar Negro como Sínope, donde, según la tradición, se muestra la piedra que le sirvió de púlpito en sus predicaciones, y también en Tracia y Macedonia, para finalizar en Grecia, siendo martirizado en Patras de Acaya. Una información más completa en la Enclopedia Católica y en Canal Social.
Los conocimientos que tenemos sobre su martirio y muerte se basan fundamentalmente en dos escritos. Por un lado Los Hechos de San Andrés, y por otro, la carta que los presbiteros de Acaya envian a las iglesias del mundo relatando el martirio y la muerte del santo, y que al parecer se basa en el relato de alguna de las versiones de los Hechos. En ninguno de los dos textos se cita la cruz en forma de aspa como la del martirio de Andrés. Se describe su crucifixión en un 30 de noviembre de la decada sexta del primer siglo de nuestra era, detallando que fue atado y no clavado a la cruz para prolongar su agonía, pero parece que en ningún momento se describe la cruz como de una forma especial distinta de la latina. Para un relato más pormenorizado del martirio: Vida de los apostoles.
Sin embargo, actualmente, la iconografía más extendida de San Andrés lo representa bien sea crucificado en una cruz en aspa o cruz decussata, también conocida como cruz de San Andrés o de Borgoña, o bien junto a ella, en muchos casos sujetándola.
Vemos por tanto cómo esta iconografía de San Andrés no tiene ningún fundamento histórico, pero ¿cuándo y dónde surge esta tradición?. Existe común acuerdo para ubicar sus orígenes en época medieval, aunque no se llega a un acuerdo entre los estudiosos acerca de los primeros ejemplos de esta representación de su martirio.
Don Antonio Ruiz de Elvira Prieto, en su artículo “La "Crux Decussata" y el martirio de San Andrés Apostol” atribuye a Jean Fouquet, en una ilustración del Libro de Horas de Étienne Chevalier, la primera representación del martirio de San Andrés en una cruz decussata, cuando corría el año de 1450, ya que, al parecer, anteriores representaciones de esta cruz en aspa, citadas por otros autores, se corresponden con cruces en tau, es decir, con forma de Y.

Breviarium polaco

Sin querer enmendar la plana a nadie, y con todas las reservas, navegando por la red, encuentro un par de representaciones de San Andrés con la cruz en aspa como instrumento de su martirio, y que están datadas en fechas anteriores a aquella de 1450 en que se pinta la de Fouquet. Así, en primer lugar, citaré una miniatura de un breviarium polaco fechado sobre 1400 y en el que el santo aparece con una pequeña cruz decussata en sus manos. En segundo lugar tendríamos otra miniatura, esta vez del Salterio de Lutrell, obra inglesa datada en el siglo XIV, entre los años 1325 y 1335, y en la que San Andrés aparece atado a una perfecta cruz en aspa.

Salterio de Lutrell

Sea como fuere, lo que parece indudable es que a partir del siglo XVI la iconografía de San Andrés con la cruz en aspa, que durante la Edad Media no logró una amplia aceptación, se extiende considerablemente. La mayor parte de los autores parece que responsabilizan a la casa de Borgoña de esta rápida difusión, y es que la creación de la orden del Toisón de Oro por Felipe el Bueno , y su patrocinio por San Andrés, van a traer como consecuencia la adopción de la “crux decussata” como símbolo de la divisa de la casa de Borgoña por parte de Carlos el Temerario. Y es que una de las más tempranas representaciones de la “decussata” es del Breviario de Felipe el Bueno, de hacia 1455, a la que suceden una moneda de Carlos el Temerario con la misma representación del santo y un grabado relacionado con el mismo magnate de hacia 1468, según nos dice Don Antonio Ruiz de Elvira Prieto en el trabajo citado anteriormente.
Para el territorio peninsular el autor nos cita un relieve en madera de Felipe Vigarny, en la capilla de Santa Ana de la Iglesia parroquial del Castillo en Cervera de Pisuerga y que data hacia 1513. Sin embargo, según la datación que dan los expertos que han analizado y restaurado las vidrieras de la Iglesia de Santa María de los Reyes de Grijalba (Burgos), tendríamos en ellas un ejemplo anterior de San Andrés con la decussata en territorio español, ya que las vidireras se fechan en la primera mitad del siglo XV, atribuyéndoles un origen centroeuropeo. El santo aparece con una decussata frente a él y sujetada con sus manos. Siento no disponer de foto.
No lejos de allí, en el pueblo palentino de Santoyo, tenemos otro ejemplo temprano de San Andrés con la cruz en aspa en la Iglesia parroquial de San Juan Bautista y del que pongo una foto. Se trata también de una vidriera, esta vez claramente datada, ya que lleva escrita la fecha de su realización, el año 1527. También es esta ocasión, San Andrés aparece tras la cruz en aspa, sujetándola.
De pocos años después, o quizás coetáneas, son dos representaciones del martirio de San Andrés, quizá poco conocidas, de arte popular, ubicadas en dos pequeños pueblos del norte peninsular.
La primera de ellas ha aparecido hace pocos años, en el transcurso de las obras de restauración de la primitiva iglesia de San Andrés de Biañez (Carranza-Bizkaia). Se trata de una pintura mural que se descubrió al desmontar el retablo de madera que la tapaba y que a su vez simulaba otro retablo. En el centro del mismo está representado San Andrés en su martirio sobre una cruz en aspa. La pintura mural ha sido datada en el segundo cuarto del S.XVI y atribuida a la mano de algún artesano local.
La segunda se encuentra en el pueblo burgalés de Presencio, embutido en la pared exterior de la cabecera de la Iglesia parroquial de San Andrés. Se trata de un bajorrelieve en piedra. Los expertos que he podido consultar lo situan en fechas similares a las del ejemplo anterior, principios del S.XVI, y atribuido igualmente a la labor de la artesanía local.
Quizás resulte chocante que dos talleres locales, de escasa entidad como estos, adopten esta iconografía tan precozmente, teniendo en cuenta que talleres hispanos más importantes, todavía a finales del S.XV, siguen representando a San Andrés con la cruz latina, como en el caso del retablo de la capilla de San Bartolomé del claustro de San Pedro el Viejo de Huesca, atribuido al taller de Juan de la Abadia, fechado en 1480, y que se puede ver en el Museo Diocesano de Huesca.
No obstante, tal vez no sea tan extraña esta temprana presencia de la decussata en la iconografía de San Andrés en Carranza y Presencio. Debemos tener en cuenta la influencia que hubo de tener para los artistas locales la presencia de la corte, con grandes influencias borgoñonas en aquellos años de fines del XV y principios del XVI, en las inmediaciones de ambos pueblos.
Y es que, por un lado, la presencia de la monarquía embarcando en el puerto de Laredo es relativamente frecuente en estos siglos. En Laredo embarca, en 1496, Dª Juana, hija de la reina Isabel la Católica que hasta allí la acompaña, rumbo a Flandes, para celebrar su boda con Felipe el Hermoso. Así nos lo cuenta un anónimo historiador del XIX, refiriéndose a Dª Juana: “D. Fernando y Doña Isabel no quisieron tampoco prolongar su casamiento, asi es que contando apenas quince años, esto es, en 1494, ajustaron las deseadas bodas con D. Felipe, archiduque de Austria, duque de Flandes, de Artois y del Tirol, é hijo del emperador de Alemania, Maximiliano I. Ajustadas que fueron, al instante se dió principio á los preparativos de marcha con el boato y solemnidad dignos de la hija de tan poderosos señores. Una armada de ciento veinte navíos de alto bordo se aprestó en el puerto de Laredo, embarcándose en ella quince mil hombres de guerra no incluyendo la tripulacion. A Don Alonso Enriquez, gran almirante de Castilla, estaba encomendado el mando de esta flota: iba de capellan mayor D. Diego de Villaescusa, dean de Jaen; y la encargada por el rey de servir y hallarse á las inmediatas órdenes de la infanta, era Doña Teresa de Velasco, esposa del admirante que dirigia aquella espedicion. La cámara y todos los destinos pertencientes á su persona, se servian por damas y caballeros de la primera nobleza de España; asi lo dice en las listas que de ellos forma D. Lorenzo de Padilla. Inútil es hacer mencion de las ropas y alhajas que habian de adornar á tan augusta princesa: se puede decir para abreviar que se habian dispuesto con elegancia y profusion.

Terminados los preparativos, se dirigió toda la real familia por Almazan al puerto de Laredo, para despedir á tan escelsa infanta, escepto el rey D. Fernando que por hallarse celebrando de Córtes en Aragon, no pudo verificarlo, muy á pesar suyo. El malogrado príncipe D. Juan, hermano de Doña Juana, y su augusta madre la acompañaron hasta la entrada del navío, donde anegados en un mar de lágrimas, se dieron mútuamente el mas tierno y afectuoso á Dios. A Dios, que resonó por todos los ángulos de la embarcacion, en señal de reconocimiento á las reales personas que quedaban en tierra. El dia 19 de agosto de 1496 se hicieron á la vela con direccion á los Estados flamencos.”


Vuelve a embarcar, en el mismo puerto, Dª Juana, en el año 1504, según se nos cuenta en la citada biografía: “El dia 15 de marzo de 1504, se dirigió Doña Juana acompañada de sus padres para el punto donde se iba á embarcar (Laredo), pero todo parecia venirle en contra, todo parecia revelarse á su voluntad. Un recio y continuo temporal impidió poder darse á la vela. Esto hacia crecer los tormentos de la princesa, y revestirla mucho mas de indignacion, porque todo parecia combinarse para evitar la reunion con su esposo. Dos meses tuvo que residir en Laredo, que fueron los que duró la tempestad; dos meses que fueron dos siglos, si se atiende la disposicion en que se hallaba esta señora, y que agravaron muchísimo sus constantes padecimientos. A mediados de abril logró hacerse á la vela, llegando en nueve dias felizmente á Vergas, distante tres leguas y media de Brujas.”
En Laredo desembarca en 1556 Carlos I para tomar el camino a su retiro en el Monasterio de Yuste. Así, el 6 de octubre de ese año duerme en Ampuero y el 7 en Lanestosa. También Bárbara Blomberg, amante de Carlos I y madre de D. Juan de Austria, desembarcó en Laredo a su venida a España en el año 1577, viviendo en Colindres algunos años. En la actualidad sus restos reposan en la localidad cántabra de Escalante, en el Monasterio de Montehano, donde ella misma mandó ser enterrada.
No sería, por tanto, nada extraño, que el artita que dibujó el retablo de San Andrés de Biañez tuviera la oportunidad de ver alguna de las miniaturas donde, siguiendo las últimas modas borgoñonas, se representara el martirio del santo con la cruz en aspa y lo copiara, teniendo en cuenta la proximidad de Carranza con los pueblos arriba mencionados.
De la misma forma, no fue nada extravagante la presencia cortesana en las inmediaciones de Presencio. Así, sabemos que por Santa María del Campo, a escasos 10 kilometros de Presencio, y seguramente por el mismo pueblo, pasó Felipe el Hermoso, acompañado de su mujer Dª Juana, durante su primer viaje a España.
En Arcos de la Llana, a unos 15 kilómetros de Presencio, permaneció la reina Juana I de Castilla, con el cadaver de su esposo, al parecer más de año y medio.
Desde Santa María del Campo le escribe su padre, el rey Fernando, conminándola a trasladarse a Tordesillas. Y en este mismo pueblo permanecerá ella misma algún tiempo, obligando al Cardenal Cisneros a trasladar su investidura al cercano pueblo de Mahamud.
Así nos describe el anónimo biógrafo de la reina, antes citado, estos acontecimientos: “Doña Juana habia llegado al último grado de locura, estaba enteramente loca; mas sin embargo era la reina propietaria de España y su nombre y consentimiento eran necesarios para dar algun carácter á los actos del gobierno. Esta consideracion movió al rey Católico á entrar en algunas consultas con su hija para el mejor arreglo de los negocios y volver otra vez á gobernar los dominios de España. Doña Juana, por su parte, admitió sin réplica alguna cuanto le propuso su padre, poniendo solamente una condicion, que la habian de dejar permanecer en la villa de Arcos, «en completa libertad, sin tener que intervenir en otro negocio, que pasar los dias que la restaban de esta vida, al lado del cuerpo de su esposo.» Mucho trabajaron por hacerla variar de este pensamiento, pero siendo todo inútil se le concedió el permiso, mandando prepararle una casa en Arcos, digna de la persona que la iba á habitar.
Mas de año y medio residió Doña Juana en la villa de Arcos sin que se hubiese mejorado en nada su locura. Era de ver, segun afirman algunos, las animadas conversaciones que esta infeliz señora, tenia con el cadáver de su esposo; conversaciones que aumentaban mas su delirio, y que en lugar de aliviarla, la agravaban. «Por qué no me respondeis, Felipe? le decia: callais!... todavia me sereis infiel!...» Estas palabras proferia á su marido, y otras que causaria lástima escucharlas.
Desde Santa María del Campo le escribió D. Fernando á su hija advirtiéndole de la necesidad que tenia de marcharse á Tordesillas y haciéndola saber era poblacion mas salubre que la villa de Arcos, y que por consecuencia habia determinado, se pusiese en camino para este punto. Doña Juana, se encontraba perfectamente, segun la contestaba, en Arcos. De manera que viendo el rey Católico que su hija no accedia á sus súplicas tomó la determinacion, de ir en busca de ella para ver si con su presencia lograba lo acompañase hasta Tordesillas. Asi lo hizo D. Fernando habiendo podido con el influjo que ejercia sobre su hija hacer se marchase á dicho punto, pero viajando con el mismo aparato que en las otras espediciones. Sea el haber mudado de temperamento, sea que el viaje no fue de su agrado, lo cierto es que la reina Doña Juana estaba mas furiosa cada vez, y tomó mas incremento su ya incurable enfermedad.”

No tiene pues nada de extraño que los artistas locales tuvieran conocimiento de las últimas tendencias artísticas borgoñonas, ya que Presencio está en el camino de Arcos a Santa María del Campo, eje principal, al parecer, de las comunicaciones, en aquellos tiempos, entre Burgos y Valladolid.