viernes 26 de junio de 2009

Iruña-Veleia ¿verdadero?, por Xabi Otsoa de Alda

Gracias a la aportación de Koenraad van den Driessche en TA, me he enterado de este artículo aparecido en en el Diario de Noticias de Álava, y firmado por Xabi Otsoa de Alda. Dada la claridad de su exposición, con la que estoy totalmente de acuerdo, he decidido publicarlo, y en la medida de mis posibilidades, darle un poco más de publicidad. Ahí va:

"En el momento en que la comisión encargada de estudiar los grafitos aparecidos en Iruña-Veleia concluyera sobre su falsedad, después de un tiempo de supuesta discusión académica, además de una gran decepción, me acompañó una sensación de descarga y alivio porque se acababa la incertidumbre. Sin embargo, el mantenimiento de la veracidad y cronología de lo encontrado por parte de los antiguos responsables de la excavación y las primeras incongruencias que partían de los que han considerado las inscripciones como falsas, han hecho que nos interesemos nuevamente por el tema. Además de esto, una primera reflexión apuntaba a una evidencia clara; la cantidad de palabras e iconos con el amplio número de piezas, y la mezcla de aspectos eruditos con realizaciones más infantiles y, a veces de apariencia grotesca, imposibilitaba que se hubiera realizado con la intención de engañar y de sacar un beneficio posterior. Si en una anterior intervención en prensa ya postulaba la posibilidad de que muchas de las inscripciones fueran ciertas, y que sólo una pequeña cantidad hubieran sido colocadas para envenenar el proyecto y perjudicarlo, hoy es el día en el que, a la luz de novedosas aportaciones y de mis conversaciones con ex responsables, mi opinión es otra. Una de las más interesantes aportaciones a las que me refiero viene por parte del doctor en geología Koenraad Van den Driessche, a partir de las evidencias físicas que se deducen de las fotografías de las ostracas y de las que, según él, constata indicios que deberían necesariamente haber sido investigados y no se ha hecho, llevándole a suponer que no son falsificaciones: comparación entre sedimentos de surcos y su lugar de origen; profundidad y limpieza de trazos que sugieren una realización anterior a la cocción; presencia de costras carbonatadas o de raíces que invaden incisiones y que implicarían cientos de años en su fijación... A esto hemos de unir la opinión de otra corriente filológica contraria a la planteada desde la UPV y de la que contamos ya con un informe de la mano de Juan Martín Elexpuru, doctor en Filología Vasca. Concluye, después de razonar y rebatir cada una de las supuestas imposibilidades planteadas por los miembros de la comisión, que éstas son perfectamente posibles para la época propuesta. Además de otros apoyos de prestigio con los que ya cuentan los antiguos directores del yacimiento y que estoy seguro irán dando a conocer, creo que será también determinante la presentación de los contenidos que rebaten los supuestos anacronismos en los que se han basado sus acusadores y donde se pondrá de manifiesto que los ejemplos, hasta un 90% de lo propuesto como imposible para época romana, cuentan con similitudes para el mismo periodo e, incluso, anteriores. Si se ha errado en esta cuestión fundamental por parte de la comisión, siguiendo la línea marcada hasta el momento, a lo mejor deberíamos pedir que devuelvan el dinero. Los pocos aspectos más difíciles de interpretar entran en la lógica aportación novedosa que un hallazgo de este volumen pudiera contener y cuentan, además, con explicación razonada y viable. Si la pretendida discusión académica se hubiera producido como debiera hoy nos encontraríamos en otro estado de la cuestión. Se nos ha querido hacer creer que la falsedad está probada, cuando no es así; ni siquiera el informe químico lo ha hecho. Las críticas, muy mediáticas, utilizadas hasta ahora contra los ex directores del yacimiento esconden las más de las veces despropósitos e irrealidades. Un miembro de la comisión reconoció al antiguo equipo que no se puede leer Descartes , algo evidente para cualquiera, y sin embargo, lo ha seguido utilizándolo públicamente. Lo mismo ocurre con la supuesta carencia de titulación del técnico que interpretó para Lurmen los análisis de pátina; correosos medios locales han seguido utilizándolo pese a haberlo visto con sus propios ojos; en otra ocasión, ante la queja de no equilibrar su información, la contestación fue algo así como que el trinomio Euskera-Álava-Época Romana no interesaba unirlo y que ya sabía dónde tenía la puerta. Los informes enviados a los expertos iban ya antecedidos que se trataba de falsificaciones; aún así, éstos constatan el buen trabajo arqueológico, pero esto se traduce con el sentido contrario. El tema de los tres arqueólogos que se fueron está perfectamente contestado en la web de los ex directores, y del asunto del pegamento y la letrina no merece hablar por el patetismo que encierra. El día de presentación de las conclusiones de los expertos sólo estaba registrada una. Desde el antiguo equipo se pidió desde un principio una nueva excavación de control, y la opinión de expertos internacionales, y se hizo caso omiso, etc. Elementos extracadémicos han sido añadidos a la consideración de falsedad, imagino que honesta, para crear un gran gigante mediático que ha querido dar por cerrado el caso: la élite filológica que puso en duda los hallazgos reconoce que su gran preocupación era su prestigio profesional a la hora de defender algo tan incómodo ante la comunidad científica, además de lo que supondría para sus teorías; la idea de una vasconización tardía de Álava después de caer el Imperio Romano pesa mucho en algunos. Además, a la UPV se le puede cumplir el sueño de hacerse con el yacimiento, así como a alguna Institución; la idea de centralizar y controlar a todos los arqueólogos desde un nuevo organismo en formación; antiguas rencillas entre arqueólogos; la Iglesia ve en los contenidos religiosos orientaciones poco ortodoxas de los primeros cristianos que no le hacen demasiada gracia... En nombre de un supuesto cientifismo o academicismo se está cometiendo un acto de aldeanismo cultural por cruce de intereses; allí donde con sólo dos piezas polémicas hubieran investigado años, pues se trata de su patrimonio, aquí se cierra la discusión. Actualmente creo en la veracidad de todo el material encontrado para la cronología propuesta.

* Licenciado en Geografía e Historia "

También yo estoy cada día más convencido de la veracidad de todo el conjunto de hallazgos de Iruña-Veleia. Esperemos que la responsabilidad de los profesionales de la Historia y la Arqueología desmonte cuanto antes el chiringuito que se han montado entre Comisión y Diputación en este asunto.

sábado 6 de junio de 2009

¿SI o NO?

Desde que el hombre es hombre, la comunicación ha sido un factor determinante de su existencia. Pero la comunicación no es, ni ha sido nunca, algo sencillo. Me refiero a que no siempre coincide la idea que uno quiere transmitir con la que el interlocutor entiende. En primer lugar, encontramos barreras entre los idiomas. Para entendernos entre dos o más personas debemos compartir, al menos, un mismo idioma que nos permita, mediante palabras, exponer nuestras ideas y entender las que nos exponen los otros. Pero aun compartiendo una misma lengua, no siempre nos entendemos unos a otros, y es que en la posibilidad de compartir información intervienen otros factores ajenos al lenguaje. Me refiero a los diversos universos culturales en los que las personas nos movemos, y que influyen en cómo interpretamos las palabras, aunque compartamos un mismo idioma. Las mismas palabras adquieren diferentes sentidos según quién y cuándo las pronuncie, con qué entonación, gesto, etc... Creo que nadie es ajeno a los diferentes modos de expresión entre personas de diferente edad o profesión, incluso en el seno de una misma familia. Pues bien, este fenómeno, habitual en el lenguaje hablado, se repite, igualmente, en el lenguaje escrito.
Pero, a diferencia de lo hablado, lo escrito permanece y, muchas veces, lo que hemos interpretado mal, o directamente no hemos entendido en una primera lectura, puede ser releído y reinterpretado, teniendo en cuenta para ello la intención del escritor, la cual adivinamos en base al contexto general del discurso, considerando además su propio universo cultural. Es decir, intentamos ponernos en su lugar. De esta forma, el buen traductor de textos antiguos, no sólo debe conocer a la perfección la lengua en que se escribieron aquellos, sino que ha de tener profundos conocimientos de la sociedad en que se crearon. La dificultad de esta labor creo que no se le escapa a nadie. De hecho, por poner un ejemplo, todavía se siguen haciendo traducciones de La Biblia, intentando hacer más comprensible su sentido a los lectores.
Sin embargo, cuando escribimos, no siempre lo hacemos de forma extensa con la intención de comunicar ideas complejas. Muchas veces se escriben frases cortas, palabras sueltas, acrónimos, iniciales, siglas, etc... La finalidad con la que se escriben puede ser de muy diversa índole, y su sentido no es siempre comprensible por otras personas. Dejando aparte lo que escribimos para nosotros mismos, generalmente críptico para otros, la comprensión de estos mensajes cortos está íntimamente relacionada con el contexto, habitualmente no verbal, en el que aparecen. Así, no interpretamos igual “HP” si lo vemos escrito sobre una impresora, que si aparece en la propaganda de un coche o en una pintada callejera acompañando el nombre de alguien. De la misma forma, si leemos “RIP” en un panteón contemporáneo, interpretamos “descanse en paz”. Sin embargo, si aparece “RIP X” en una estela funeraria de época romana, aunque los expertos no sepan el significado de la “R” y la “I”, saben que el “RIP” es imposible, con su sentido actual, en aquella época, por lo que interpretan la “P” y la “X” en el sentido de “pedes 10” y dejan sin interpretar el “RI”, o interpretan la “I” como una “L” fallida, con el sentido de “latum”. Parece lógico. Pues bien, si a partir de tres rayas indicativas de santidad, los expertos leen “RIP” sobre un crucifijo en un grafito de Veleia, siguiendo la misma linea argumental anterior, concluyen que es imposible en su sentido actual, pero no le buscan un posible sentido diferente, acorde con la época romana, y concluyen que el grafito es una falsificación. No parece que la interpretación de ambas piezas se haya hecho con el mismo rigor científico. Evidentemente, el contexto, época romana, invita a pensar que tal vez su sentido pudiera ser otro, como “Rex Iudeorum P...” (Dejo el sentido de la “P” al arbitrio del lector, ya que en mi pequeño diccionario de latín sólo hay 70 páginas con palabras latinas que comienzan por “P”, y, además, no es este el objeto de estas lineas). Resulta pues palmario, al menos para mí, que el contexto que permite dar una interpretación unívoca al “RIP”, en el sentido actual de “descanse en paz”, es el contexto de que “lo de Veleia es un fraude”, lo que más que un contexto parece un prejuicio.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención en los informes de la comisión es su concisión. Mientras que piezas mucho menos problemáticas que estas, de otros yacimientos, provocan la escritura de folios y folios por parte de los expertos, en el caso de los hallazgos de Veleia, muchas de las piezas no requieren de más de un párrafo para declararlas falsas de toda falsedad. Es el caso de la pieza sobre la que quiero escribir aquí.
Se trata de la supuesta ficha de juego que porta en una de sus caras un “SI”, y en la otra un “NO”. Debo admitir que, en este caso, el contexto sí invita, al menos en un primer momento, a hacer la lectura propuesta, ya que el “NO” sirve de contexto para el “SI” y viceversa. Las dos caras de la pieza se apoyan mutuamente y se dan sentido, al menos para una persona del siglo XXI. Sin embargo, la pieza ha sido extraida en una excavación arqueológica y se supone que es de tiempos romanos, y según los filólogos el “SI” y el “NO” son imposibles en aquella época, al menos en el sentido que parecen adquirir para nosotros en el contexto de la pieza, uno a cada lado del disco. A partir de aquí, se concluye que la pieza ha de ser falsa, hecha en tiempos modernos.
Sin embargo, yo creo que la pregunta correcta no sería qué leemos nosotros en la pieza, que es evidente, sino qué leería un lector romano. Por lo del contexto. Evidentemente, nunca consideraría la pieza como un disco para jugar al cara y cruz, ya que el sentido afirmativo y negativo de las dos palabras, según los filólogos, era inexistente para ellos. Además, ¿para qué fabricar tal artilugio teniendo monedas a mano que no se rompen al caer al suelo?. En mi opinión, un lector romano nunca habría leído la pieza en la posición que lo hacemos nosotros. Al menos, creo que no lo haría un lector romano que hubiera visto piezas como el pondus romano que pongo en la foto. Se trata de un ponderal romano, fabricado sobre un canto rodado, de dos libras y media de peso según se puede leer en la inscripción y aparecido durante las excavaciones realizadas en el Santuario de la Virgen de la Encina de la localidad alavesa de Artziniega. De esta forma, un lector de época romana, dado el parecido formal que, en mi opinión, tienen ambas piezas, leería seguramente I=Libra/As y S=Semis.




No he tenido nunca una sigillata en mis manos, y no conozco el tamaño de la pieza en cuestión, por lo que no puedo hacerme una idea de su peso aproximado, pero teniendo en cuenta el tamaño del ponderal de Artziniega y su peso, de 775,86 gr., creo que la pieza de Veleia, de ser un ponderal, tuvo un uso diferente al de calibrar el peso de mercancías, como el de Artziniega, ya que su peso, teniendo en cuenta el valor de la libra romana, debería aproximarse a 1/2 Kg., y por tanto su tamaño estaría desproporcionado con lo que se intuye en la foto. De esta forma, creo que debemos interpretar la “I”, o barra vertical, como simbolo del As, por lo que la utilidad de la pieza sería la de medir el peso de monedas o pequeñas piezas de metal. Por lo que he podido indagar en la red, de ser así, el peso de la pieza debería rondar los diez gramos, lo que, intuitivamente, sí parece aproximarse al posible peso de la pieza.
Desde mi ignorancia, desconozco si existen paralelos para artefacto tan rudimentario. Aunque he podido comprobar la existencia, en tiempos posteriores, de este tipo de pondus o exagias, son mucho más lujosos y aparentes que este de Veleia, aunque siguen manteniendo cierto parecido formal con él. Lo del lujo no creo que sea un gran problema, ya que tampoco encuentro paralelos para ponderales de piedra como el de Artziniega. La información que he podido recabar en la red sobre pondus romanos, usados como medida de peso, se refiere siempre a piezas de materiales nobles, como el bronce o el plomo. Esto, de todas formas, no es tampoco muy relevante, ya que mis medios y posibilidades de investigación son bastante limitados.
Otra pregunta que me surge es ¿por qué As y medio?. Por lo que he podido indagar, no existen monedas romanas con este nominal. Sin embargo, se me ocurren dos hipótesis que pudieran quizás explicar la utilidad de esta ponderación. En primer lugar, podría ser el precio habitual de algún tipo de mercancía, lo que unido a la escasez de circulante o a su deplorable estado de conservación, obligara a pesar las monedas o trozos de metal para calcular su valor. Es de sobra conocida la circulación de moneda partida. La segunda hipótesis, seguramente más probable, es que, a causa de sucesivas devaluaciones, existiera circulante con mayor valor que su nominal, y que tal valor fuera exigido por sus propietarios en las transacciones comerciales, por lo que fuera necesario comprobar su peso. En este sentido, pueden resultar ilustrativos los ases de Tiberio y Caligula encontrados en Segóbriga, y que llevan la contramarca “IS” que, según Almagro Gorbea, A. Balil interpreta como “I = As y S = Semis”. Teniendo en cuenta la gran abundancia de ases dentro del conjunto de hallazgos monetales de época altoimperial romana en el Pais Vasco, y la supuesta longevidad del numerario, quizás no sea esta una hipótesis descabellada. Ir más allá de aquí supera mis posibilidades.


Pero la información recogida hasta ahora de la pieza no es completa, ya que el As podía ser de dos aleaciones distintas. Podía ser de bronce o de oricalco (latón), presentando en cada caso un peso diferente. En este sentido, se esperaría que la pieza informara del tipo de material al que se refería su peso. Esta información creo que la proporciona la cara no leída hasta ahora de la pieza, donde supuestamente pone “NO”. Interpreto que un lector romano no tendría mayores problemas para leer la “O” como referida al oricalco y la “N” a “nummus”. Es decir, “moneda de oricalco”.
BIBLIOGRAFÍA
Cepeda, Juan José. La romanización en los valles cantábricos alaveses. El yacimiento arqueológico de Aloria. D.F.A, Vitoria-Gazteiz. De las fotografías: César San Millán, Juan José Cepeda, , Quintas fotógrafos, Paisajes españoles
Vidal Bardan, José Mª. Las monedas de Segóbriga y Ercávica en el museo Arqueológico Nacional de Madrid. En red
Almagro Gorbea, Martín. Nuevo ejemplo de la contramarca “IS” sobre un as de Segóbriga. En red
Cepeda Ocampo, Juan José. La circulación monetaria romana en el Pais Vasco. En red
Tesorillo.com
Lechuga Galindo, Manuel. Un ponderal bizantino hallado en Cartagena. Anales de prehistoria y arqueología, 5-6 1989-1990 Secretariado de publicaciones-Universidad de Murcia. En red

lunes 11 de mayo de 2009

¡AUPA ATHLETIC!

Hace casi dos años que escribía un artículo sobre el riesgo que corría "la gloria histórica" del Athletic. Desde entonces, las cosas han cambiado bastante para la afición rojiblanca y el miércoles nos jugamos la final de copa contra el Barcelona, en Valencia.
Hablaba entonces del carácter cuasi sagrado que el club de futbol tiene para los bilbainos, y ahora se viene a demostrar nuevamente. Basta para comprobarlo con darse una vuelta por las calles de la capital vizcaina.

Belosticalle



Tendería


Plaza Nueva

Begoña

Paragüería


Vestidos de novia


Pastelería


Sede central de la BBK. Algunos parecen pasar por tiempos de crisis.

¡¡¡¡¡¡¡¡ AUPA ATHLETIC !!!!!!!!!

sábado 18 de abril de 2009

La escultura en la iglesia de San Nicolás de Bari, Bilbao - El retablo de San Crispín y San Crispiniano

Escoltando a los dos soldados romanos, patrones de los zapateros, encontramos a Santa Apolonia y Santa Bárbara. En el medallón de este retablo aparece representado el martirio de los protagonistas del retablo, y en los lienzos los bustos de Santa Águeda y Santa Lucía. De este retablo ha sido imposiblo obtener fotografía, ya que esta siendo restaurado.





San Crispín y San Crispiniano son muy parecidos entre si, con su uniforme romano y sus palmas de mártires. Aquí se ve bien reflejado el clasicismo aprendido por Mena, algo que ya había ensayado en su escultura de Liuva I, realizada para el Palacio Real. A pesar de ello, las gesticulaciones, el naturalismo y el movimiento producido por los cuerpos siguen mostrando esa imaginería tradicional del barroco. Mena va a estar en todas las esculturas de esta iglesia a caballo entre el movimiento barroco y la mesura clásica y académica. Los jovenes rostros de los mártires estan comunicados aunque no se miren, como si de una comunicación espiritual se tratara.





A los lados de los soldados encontramos a Santa Bárbara y Santa Apolonia. La primera es un ejemplo claro de la destreza que tenía Mena para desarrollar su hermoso canon de belleza. Aquí se ve a un escultor conocedor del arte antiguo, pero sin descuidar la identidad tradicional de la obra. La santa no llega a agarrar la palma, sínbolo de su martírio, pero el escultor es capaz de transmitir la espiritualidad con la mirada y la ampulosidad de los plieges en la telas. La torre, además, aporta una sensación de pesadez que consolida a la santa. Su compañera de retablo, Santa Apolonia, transmite la misma sensación: la espiritualidad no es transmitida por los simbolos sino por su mirada y vestimenta. De nuevo el realismo (sobresaliente en los pies) se combina con la sobriedad académica.




miércoles 15 de abril de 2009

La escultura en la iglesia de San Nicolás de Bari, Bilbao - El retablo de la Piedad

La hermosa figura de la piedad aparece flanqueada por San José y San Antonio de Padua, mientras que en el segundo piso el relieve contiene a las ánimas del purgatorio, protegidas por los lienzos de María Magdalena y San Juan bautista.



La Piedad es seguramente la figura con mas valor dentro de esta iglesia, conjunto por su parte de gran tradición en la Semana Santa Bilbaína. Inspirada en modelos italianos recuerda a la cartagenera Virgen de la Caridad, realizada por el napolitano Giacomo Colombo. Es convincente, con un dolor contenido e íntimo muy distinto al dolor de las piedades del XVII. Destaca la belleza clásica, la suave morbidez, que como dijimos respecto de la arquitectura, hace presagiar el cambio estilístico del barroco - rococó hacia el neoclasicísmo. Relacionada con este aspecto de la transición estilística hay que citar la Dolorosa conservada en el Museo de Bellas artes de Bilbao, también con un dolor contenido e íntimo. El Cristo muestra un rostro dulce y pálido. Aunque se aprecia un gran academicísmo en esta obra, Mena no acaba de abandonar sus raíces barrocas.



Junto a esta Piedad encontramos a San José y San Antonio de Padua. El San José es muy parecido al de Burgos o al del Convento de Clérigos Menores de Madrid. Parece que Mena crea aquí un tipo que repetira varias veces, dejando ver incluso una especial devoción por este santo1. Tanto el niño como el padre muestran una serenidad y reposo típicos del autor. El San Antonio presenta bastantes similitudes con su compañero de retablo. Fue un personaje que causo también gran atracción sobre el escultor y además permite aventurar (sin documentación) hipóptesis sobre la posible autoría por parte de Mena de otras esculturas con la misma temática. En los dos casos, junto al niño encontramos a un hombre joven y amable. Cabe destacar como uno de sus mejores niños el realizado para la parroquia de San Antón en Bilbao, cercana a ésta de San Nicolás. En este caso el niño representa a Jesús, que se encuentra entre los brazos de San Antonio. Este conjunto es una de sus obras maestras, una escultura que se encuentra entre las mejores de las dedicadas a este santo. Rematando el retablo se encuentran las dos virtudes, entre las cuales Mena ha conseguido crear comunicación.




1Pérez de Domingo, Lorenzo - pag. 203

sábado 7 de marzo de 2009

Sobre la crucifixión y los crucifijos de Iruña-Veleia

Todavía, al día de hoy, no se conoce con seguridad la forma exacta, si es que sólo existió una, en que se crucificaba a los reos en época romana. Las distintas fuentes clásicas que nos hablan de crucifixiones, Tito Livio, Flavio Josefo, Séneca, etc... hablan de diferentes posturas entre los crucificados. Así se nos recuerda en la revista Humanitas, Nº 18:
“La crucifixión se practicaba de distintas formas. “Veo cruces en ese lugar -escribe Séneca- no todas del mismo tipo (non unius quidem generis), sino construidas de distintas maneras por unos y otros: hay quienes cuelgan a sus víctimas cabeza abajo (capite quidam conversos in terram suspendere), otros las empalan (alii per obscena stipitem egerunt), otros extienden los brazos sobre el patíbulo (alii brachia patibulo explicuerunt)” (Dial. 6, 20, 3). Así, los verdugos podían satisfacer su sadismo en las formas más feroces.”
“Flavio Josefo nos entrega un testimonio ocular de la crucifixión colectiva de un grupo de individuos que procuraban salir de Jerusalén, sitiada por las tropas romanas bajo el mando de Tito. “En el momento de la captura (...) eran flagelados, sometidos a toda clase de suplicios antes de morir crucificados delante de los muros. Tito se compadecía del sufrimiento de las víctimas, pero por ser demasiado numerosas -alrededor de 500 diarias- no era posible correr el riesgo de liberarlas o someterlas a vigilancia, de manera que autorizó a sus soldados para proceder de acuerdo a su propio criterio, tanto más por cuanto esperaba que el horrible espectáculo de las innumerables cruces indujera a los sitiados a rendirse. Así, los soldados, bajo el impulso del odio y el furor, ridiculizaban a los prisioneros, crucificando a cada uno de ellos en una posición diferente, y dado el número de los mismos, tanto el espacio como las cruces para los cuerpos eran insuficientes” (De bello iudaico 5, 449-451).”
Tradicionalmente, se ha pensado que se les crucificaba con las piernas extendidas, apoyando los pies en el “suppedaneum”, uno sobre otro, y atravesados por un clavo, de forma que una de las piernas quedaría levemente flexionada, y la otra perfectamente estirada. Esta es la forma usual de representar a Cristo crucificado en toda la iconografía conocida, con las piernas, a lo sumo, levemente flexionadas de frente.
Sin embargo, los estudios médicos sobre el fenómeno de la crucifixión, así como algún hallazgo arqueológico, han hecho replantearse estos conceptos, y en la actualidad se apuesta porque fuera mucho más probable y común, una postura con las piernas flexionadas lateralmente.
Se piensa que la tortura y muerte del crucificado, junto a otras causas, estaría relacionada con las dificultades respiratorias del ajusticiado, por lo que con las piernas flexionadas podría incorporarse mínimamente para respirar, pudiendo, de esta forma, alargar la agonía. En algunos casos, incluso se les proveía de el “aculeus” o “sedile”, palo en forma de cuerno colocado a la mitad del poste vertical, donde podían descansar el cuerpo, sentándose a horcajadas sobre él. Con las piernas extendidas, la muerte sería mucho más rápida. Éste sería el motivo por el que los legionarios rompían las piernas de los ajusticiados, acelerando su muerte, como se nos informa en los Evangelios que hicieron con los ladrones que acompañaron a Jesús en el Gólgota. Por otra parte, la flexión de las piernas no se haría de frente, sino de costado, de forma que el peso del cuerpo caiga en vertical y no hacia delante.
En este sentido, resulta paradigmático el hallazgo arqueológico, sucedido en 1968 y en Jerusalén, de los restos de un crucificado, únicos encontrados hasta la fecha, datados en el siglo I, y correspondientes a un individuo joven de alrededor de 1,67 metros de altura.
Lo más llamativo, para el tema que nos ocupa, es que se encontró uno de los clavos de sus pies, y éste no atravesaba la parte superior del mismo, sino el talón. De este hecho se han derivado diferentes teorías, aunque todas ellas coinciden en afirmar, que la postura del crucificado sería con las piernas flexionadas lateralmente, en “posición fetal”.
Para completar la información, os dejo una serie de links en los que se puede seguir el tema con mayor profundidad:
Arqueologos.org:
http://www.arqueologos.org/article.php3?id_article=141
Programa BBC (en inglés)
http://www.bbc.co.uk/religion/programmes/thepassion/
Programa BBC: La crucifixión (en inglés)
http://www.bbc.co.uk/religion/programmes/thepassion/articles/crucifixion.shtml
Estudio desde una perspectiva médica (en inglés):
http://www.rsm.ac.uk/media/downloads/j06-04crucifixion.pdf
Otro estudio, donde se aportan interesantes imágenes sobre la muerte de Jesús en la cruz (en inglés):
http://www.godandscience.org/apologetics/deathjesus.pdf
Estudio en castellano con interesante información sobre aspectos físicos de la crucifixión:
http://www.loseskakeados.com/joomla/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=6032
Lo interesante de este tema, en referencia a los crucifijos de Veleia, es que en estos, a pesar de su esquematismo, en todos los casos, salvo en dos ( uno de ellos es, paradójicamente, con el crucificado boca abajo), se intenta remarcar el ángulo formado por las piernas, flexionadas lateralmente.

domingo 22 de febrero de 2009

Breves extractos sobre paleografía del siglo III


Ante la constatación de la evidente existencia de emes de ángulo alto en la epigrafía monumental de la Península Ibñerica en el siglo III (hay bastantes más ejemplos de los que yo puse), me ha picado la curiosidad, y he indagado un poco en el tema.
Si os interesa, os recomiendo la lectura de:
Núñez Contreras, Luis
Manual de paleografía :fundamentos e historia de la escritura latina hasta el siglo VIII; bibliografía de María del Carmen Lozano Sánchez ; prólogo de Josefina Mateu Ibars
Editorial: Cátedra, D.L. Madrid 1994

Es un texto que se puede leer parcialmente en red, aunque tampoco creo que sea dificil conseguirlo en bibliotecas. Yo lo he encontrado en la Biblioteca Municipal de Bilbao sin problemas.
Como curiosidad, me gustaría señalar que el tipo de escritura de la mayoría de los ejemplos que puse sobre emes de ángulo alto de los siglos V y VI, está perfectamente tipificado y se conoce como escritura capital "hispano visigoda”. (Luis Núñez Contreras, 1994, pp.367 a 393)
Para animaros a la lectura del libro, os dejo unos párrafos del mismo, sobre paleografía del siglo III, que me han parecido especialmente interesantes:
El que denominamos periodo nuevo o postclásico de la escritura romana se inició a partir del siglo II y finaliza con la etapa romana de la escritura latina.
De entrada, se caracterizó por una profunda metamorfosis en la escritura y por la consiguiente presencia de nuevas grafías que fueron desplazando progresivamente a las del sistema clásico. Lo más relevante de la metamorfosis es sin duda la aparición de la escritura minúscula en la escritura latina”
(Luis Núñez Contreras, 1994, p.259)
El cambio producido en la última etapa de la escritura romana se ha convertido en el centro de interés de los estudios paleográficos y sin embargo no se han podido aclarar totalmente ni sus causas, ni su proceso; y lo que de ello se ha podido aclarar no satisfizo a todos los paleógrafos, si bien todos han estado de acuerdo en que coincidió con una de las mutaciones más decisivas del mundo antiguo y en que no significó ni decadencia ni menos involución, sino todo lo contrario:“En el siglo III el sistema de la escritura romana... se hace extraordinariamente más rico y complejo en la morfología de los signos y en la estructura, aparece articulado en una varia y viva dialéctica de tipos gráficos, los cuales darán vida a todas las formas de la historia ulterior de la escritura latina.” (Casamassima, E., “Varianti e cambio grafico nella scritura dei papiri latini”, pág. 11)” (Luis Núñez Contreras, 1994, pp.259 y 260)
Como es frecuente en la historia de la Paleografía de la últimas décadas , dos escuelas disienten entre sí, no ya sobre determinados aspectos, incluso, en concreciones sobre le palnteamiento global del tema: la escuela francesa y la escuela italiana.” (Luis Núñez Contreras, 1994, p.260)
“Para Robert Marichal (de la escuela francesa), la transformación que condujo al sistema nuevo lo fue en manos de escritores, sabios, copistas de libros, de modo insensible, a causa de un hecho técnico: particularmente, el paso del volumen al codex, cuando el papiro fue sustituído por el pergamino, cuya hoja permitía una movilidad entre las manos que no era posible al escribir en un rollo de papiro desplegado sobre las rodillas.” (Luis Núñez Contreras, 1994, p.263)
Sin embargo, para la escuela italiana:
El cambio, cuando -cual es el caso de la escritura del periodo nuevo romano- invierte la estructura esencial de las letras, se debe a la alteración, a la innovación del sistema por aquellos que tienen en sus manos la plena posesión del medio técnico y el uso constante de la escritura; la sede del cambio debe ponerse en la escritura cursiva, pero no la escritura cursiva de los ¿escribas lentos? (traducción personal del griego, seguramente errónea, pero creo que, en el contexto, se entiende), que no hace historia sino la empleada frecuentemente, a diario por los funcionarios, por los profesionales de la escritura y por los que enseñaban a escribir.” (Luis Núñez Contreras, 1994, p.265)
En el siglo III se produce otro fenómeno, en estrecha relación con la propagación del cristianismo y la evangelización, y que el autor del Manual de Epigrafía pone de relieve:
Los editores de la serie The Oxyrinchus Papiri, Bernard Pyne Grenfeel y Arthur Surridge Hunt, con la denominación BiBlical type, Biblical uncials se refirieron a una escritura griega que, aunque se encuentra en su más cumplida ejecución en códices que contienen textos bíblicos, no les fue privativa; más aún: ni tan siquiera fue patrimonio exclusivo de códices transmisores de textos sacros pues que se halla en los de contenido literario e incluso en documentos.” (Luis Núñez Contreras, 1994, p.272)
Por lo que respecta a la escritura documental, no faltan ejemplares en los que aparecen las escrituras griega y latina, y papiros cancellirescos hay, unos en griego y otros en latín, cuyas escrituras ofrecen trazos estilísticos comunes. Sin entrar aquí en las posibles dependencias de una escritura respecto a la otra, el hecho debe ser tenido en cuenta. A este respecto escribe Robert Marichal: “En las escrituras de cancillerías, desde el siglo III, antes de que las cursivas latinas se volvieran minúsculas, las dos escrituras parecen confundirse sin perder sus ductus propios. Más tarde los ductus se cambian -y aquí el griego parece dejarse invadir por el latín- hasta el punto de que podría decirse que no hay ya más que una escritura que es ora de expresión griega, ora de expresión latina, un bilingüismo gráfico. Pues bien, es en el siglo III cuando los griegos, en número bastante grande, comienzan a dedicarse a los estudios latinos y jurídicos a fin de hacer carrera en la administración, y las más antiguas minúsculas que poseemos son en su mayor parte obras jurídicas y obras escolares el resto. Es también a partir del siglo III cuando la lengua litúrgica cristiana en Occidente pasa a ser el latín, ya no el griego. En una palabra, si las dos escrituras se aproximan, si el griego, aun sufriendo la presión del latín, influye sobre él a su vez ¿no sería porque los latinos no es que se pusieran a escribir en griego, sino porque los griegos se pusieron a aprender latín?”.” (Luis Núñez Contreras, 1994, pp.274 y 275)
En el mismo manual, de Luis Núñez Contreras, aparece una copia parcial del Canon de la mayúscula bíblica , descrito por Giuglielmo Cavallo, y casualmente, entre las letras descritas, se encuentra la “M”, con dos modelos. Uno, con el vértice del ángulo central de la letra hasta el pie de la caja, y el otro, con este vértice elevado.
Entre los textos más antiguos y representativos de esta “mayúscula bíblica” se encuentra el Codex Sinaiticus (en griego), fechado en la primera mitad del siglo IV, y donde el empleo de la “M” de ángulo alto parece mayoritario, según se puede observar en la imagen.
Y para terminar con la selección de textos:
Sea cual sea el punto de vista que se adopte para explicar la metamorfosis, la transformación o el cambio en la escritura romana en el periodo nuevo, resulta incuestionable que para el siglo III puede hablarse de una escritura “minúscula primitiva”, que se ha denominado también “semiuncial arcaica”, de carácter mixto, no sujeta a reglas precisas, sino más bien producto de escrituras con tendencias comunes, que pudo responder a la necesidad de llenar el vacio entre la libraria y la documental y también al propósito de los que escribían de tomarse alguna libertad según el contenido, la finalidad y el destinatario de lo escrito.” (Luis Núñez Contreras, 1994, p. 275)