domingo, 14 de septiembre de 2008

Epitalamio de Leodegundia


Como cierre del Códice de Roda (más completo en inglés), entre los textos navarros del mismo, se encuentra este canto a las bodas de doña Leodegundia, hija, con bastante probabilidad, de Ordoño I de León, con un rey de Pamplona, cuya identidad se desconoce, aunque bien podría ser, o bien García Iñiguez, o su hijo Fortún Garcés.
Como curiosidad, el canto es un acróstico, y tomando las primeras letras de cada verso, se puede leer: “LEODEGUNDIA PULCRA ORDONII FILIA” (texto en latín).
Por otro lado, el canto lleva notación musical en su primera estrofa, y se puede considerar el primer testimonio de “música nupcial” conocido, si bien, siendo su notación mozárabe, es indescifrable al día de hoy.


EPITALAMIO DE LEODEGUNDIA


(L) Brindemos con alegría por la gran Leodegundia, hija de Ordoño. Entónense en su honor, entre aplausos, dulces loas como sones de flautas.
(E) Digna de su óptima sangre real, orgullo del linaje de su padre y de la alta gloria de su ascendencia materna.
(O) Elogiemos con voces de himnos y suaves canciones sus ejemplares costumbres y su facilidad y erudición en las ciencias sagradas y profanas.
(D) En su rostro brillan el decoro y la modestia y da gracia a cuanto dispone con admirable orden..
(E) Dichoso el esposo que dispone la castidad de Leodegundia, grata a Dios y amada sin mácula.
(G) Alégrense las personas que forman su casa, y entonen cánticos con dulces voces y ritmos por su Señora.
(U) Para que alcance felicidad largo tiempo y se vea con hijos y nietos, alegría y buenas amistades, lo que rogamos reiteradamente a Dios.
(N) Y en loor de doña Leodegundia tañan los músicos las cuatro cuerdas de sus cítaras con bellas melodías.
(D) Que los habitantes de Pamplona canten a Leodegundia con un orfeón de insistentes voces en tanto que suenan las vibrantes liras y flautas.
(I) Renovad siempre su recuerdo, que ella os ama como si siempre os hubiese conocido.
(A) Exaltarla, amigos y parientes queridos, porque, como en hija predilecta, se manifiestan en ella el carácter y los saberes de su padre.
(P) Bellísima Leodegundia, escucha las melodías que con sus agradables instrumentos te dedican los que te sirvan, para que los atiendas.
(V) Piden , sierva de Dios, que seas dichosa y protejas a los huérfanos y a los pobres y resultes grata a todos tus súbditos.
(L) Que la luz de Dios caiga sobre ti y ahuyente las sombras pecadoras, y observes la Santa ley Divina.
(C) Resuene el conjunto coro para que ... Cause alegría a los que te quieren.
(R) Suena y se reproduce la canción y los versos musicales armoniosos y suaves en las salas de tu palacio real.
(A) Brilla tu hermoso rostro mientras los criados preparan las copas de ambrosía para la fiesta.
(O) Los próceres y los amigos se sientan junto a los reyes en la mesa cubierta de viandas deliciosas.
(R) En el preparado banquete el signo de Cristo bendice la viandas reales y también, piadosamente, las que como siempre van a ser destinadas a los pobres.
(D) Así las oraciones de los pobres que piden por los reyes son escuchadas por el Redentor.
(O) Vengan los coros ante los invitados y dediquen al Dios que nos da vida sus más amables melodías.
(N) No hay canciones groseras o escandalosas ni alegría de orgía. La fiesta se celebra entre laudos al Altísimo.
(I) Comiencen los cánticos vibrando las liras y los címbalos, y rindan sus primeros arpegios, que en el banquete se escuchan, en honor del Rey de los Reyes, que a todos nos rige.
(I) Y canten ahora con nuestros versos a la clara Leodegundia y al matrimonio que nos ha traído para todos.
(F) Que vivas feliz bajo la protección de Cristo, poseas tu reino sin adversarios y que nunca triunfen sobre ti los enemigos.
(I) Sigue la dulce ley de Dios ... que a los humildes y los mansos lleva el Reino eterno.
(L) Traspasa las puertas de la casa de Dios con humildad y piedad frecuentes y hazte pura con las lágrimas y oraciones dirigidas al Señor.
(I) Así, entre dulces cánticos, te reconfortarás con las palabras de vida del Redentor.
(A) Salve, doña Leodegundia, que Dios te proteja siempre y que después de larga vida alcances el Reino de Cristo con todos los elegidos.



Pérez de Laborda, Alberto. Guía para la historia del País Vasco hasta el siglo IX. Editorial Txertoa. Donostia -San Sebastián (Tomado de J.E. Casariego)

3 comentarios:

Drancos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Drancos dijo...

¡Es siempre una alegría y un placer leer este tipo de entradas!

Anguloscuro dijo...

Pues me alegro de que te haya gustado Drancos.
Un saludote