sábado, 16 de diciembre de 2006

¿Un Baphomet en Carranza?


Enclavado en la comarca de Las Encartaciones, Carranza es el municipio vizcaíno más extenso, así como el más occidental de la provincia, excepción hecha de la pequeña villa de Lanestosa. El caserío del municipio es muy disperso y se organiza en parroquias o feligresías independientes, formándose alrededor de las iglesias matrices pequeños nucleos de población más densos. Quizás algunos de vosotros tengais noticias del pueblo, pues aparece citado en las Crónicas de Alfonso III, donde se nos dice que estas tierras, junto con otras, fueron repobladas en tiempos de Alfonso I.
Desde hace algunos años se están realizando obras de mantenimiento y conservación en las iglesias del municipio, las cuales están siendo aprovechadas para realizar los pertinentes estudios arqueológicos, con resultados bastante positivos hasta la fecha. Lo que os voy a contar aquí tiene relación con los trabajos realizados en una de estas iglesias, concretamente con la de San Miguel de Ahedo.
La fábrica del actual edificio eclesial corresponde al S.XVII, si bien la Iglesia está documentada desde al menos el S. XV como Monasterio de San Miguel de Ahedo, el cual tenía Lope Ochoa de Mendieta por "Dos mill y Duzientos" maravedises (año de 1.416), aunque siempre se le ha supuesto una mayor antigüedad, hablándose incluso del S.VIII en una ejecutoria de nobleza, según nos cuenta, con todas las reservas, el señor Labayru en su Historia de Bizcaya.
Pues bién, en esta Iglesia, en la pared correspondiente al trasaltar, y mirando al exterior, se hallaba empotrada una piedra, rudamente esculpida y muy deteriorada, que los arqueólogos se proponían desmontar ante la sospecha de su antigüedad.
La imagen representada en la misma, atribuida por la jerarquía eclesiástica local a Judas, era tradicionalmente apedreada por los niños y los vecinos más airosos del pueblo, el día de Viernes Santo, formando parte la lapidación de la correspondiente procesión de rigor en día tan señalado. Ni que decir tiene que la chiquillería, nunca muy respetuosa con las normas, no tardaría mucho en hacer laborable lo reservado para fiestas de guardar, y más cuando todo el pueblo sospechaba que no era tal el Judas, sino el mismo Diablo. En estas circunstancias, y teniendo en cuenta que la piedra ocupa este lugar desde el S.XVII, el deterioro de la escultura parece más que justificado.
La piedra se desmontó de su ubicación el día 28/10/2002, y la sorpresa de los que allí estaban fue mayúscula. Se trataba de una pieza de sección triangular, por lo que presentaba tres caras, quedando a la vista en la pared sólo la ya mencionada. Las otras dos caras de la talla presentaban un estado de conservación muy bueno, ya que habian permanecido protegidas de la intemperie y de la fina puntería vecinal. La descripción de la pieza, en sus dos caras ocultas desde las obras del S.SVII hasta la actualidad, se la dejo a un personaje que al parecer pudo verla sita en el lugar para donde fue pensada. Se trata de D. Francisco de Mendieta que, en el S.XVI, escribió lo siguiente:
"De todas las Iglesias de los Valles de Carranza y tierras de las Encartaciones de Vizcaia solamente la de S. Miguel de Haedo en Carranza an querido dezir algunos haber sido monasterio de etemplarios porque dos Cavalleros o freiles que fueron de aquella orden estan sepultados en la Capilla rnaior de ella cuias figuras estan esculpidas en habito de Cavalleros con sus espuelas calzadas y con capillas de freiles, pero no por eso sea de entender ser asi sino que Un hixo de Sancho Sanchez de Carranza Sr. de la Casa y Solar de Carranza que aora se llama de Olar de monasterio fue Cavallero del Temple y quando fue desecha se recoxio alli en casa de sus Padres con otros dos companeros de la misma orden y vivieron alli recojidos como en monastero que por haber vivido en monasterio aquellos Cavalleros y de aqui nacio el herror de tenerle por de templarios que no lo fue como parece de autos..."
De todas formas, y como dicen que vale más una imagen que mil palabras, os adjunto una foto de las tres caras de la pieza.
Los entendidos vizcaínos que han observado la pieza, la catalogan como románico tardío y tienden a datarla hacia el S.XIII, fecha que vendría a coincidir, más o menos, con lo que nos cuenta Mendieta. Por otra parte, los expertos en románico de la Fundacion Santa María la Real de Aguilar de Campó que han sido consultados, y que han visto la pieza en fotografía, apuntan hacia finales del XII o primeras décadas del XIII como fecha de realización de la obra y la vinculan, con pocas dudas, a los talleres tardorrománicos que trabajaron en los valles burgaleses de Mena y Losa en las últimas décadas del S.XII. Representativa de esta escuela sería la Iglesia de San Pantaleón de Losa (Burgos), de la cual podeis observar en Celtiberia.net algunas imágenes, aunque parece que presenta mayores semejanzas con el trabajo de la Iglesia de Santa María de Siones. Sea como fuere, lo que si está claro, es que la pieza se ha constituído como la de mayor calidad del románico vizcaíno.
Hasta el día de hoy, aunque la tradición local atribuía la tantas veces lapidada imagen a Judas o Satanás, como ya os he dicho, diversos expertos que la observaron, entre ellos D. Manuel Gómez Moreno, dieron diversas interpretaciones a la escultura, desde figura femenina con velo, según D. Manuel, a San Miguel Arcángel, por otro lado advocación de la Iglesia, pasando por no definirse al respecto.
De cualquier manera, yo me hago algunas preguntas, ¿qué motivos podrían aducir los lugareños para tratar tan desconsideradamente la imagen de haber tenido ésta un aspecto angelical en origen?. De otro lado, ¿hubo algún motivo para dejar al descubierto esta representación y no cualquiera de las otras dos? o por el contrario, ¿fue un hecho aleatorio y sin intencionalidad?. En cualquiera de estos casos, ¿la idea de la lapidación surgió espontanea del pueblo? o más bien, ¿fueron los representantes de Dios en aquellas tierras los impulsores de la idea?.
Desde luego, el estado actual de la imagen admite muchas dudas de interpretación, pero no debía ser éste su estado cuando fué aposentada en la pared. Por eso, yo me inclino a pensar, que en su estado original, la piedra no debía representar nada agradable a los ojos de los primeros que la apedrearon.
En fin, como tantas veces, los templarios envueltos en asuntos misteriosos, y uno que no cree demasiado en estas cosas esotéricas, debe reconocer, como buen casi gallego, que haberlos haylos.

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