viernes 27 de julio de 2007

Ventanas virtuales en Bilbao..., y vacaciones

Metidos, como estamos, en plena época vacacional, pongo esta curiosidad en el blog, por si algún sufrido lector de este sitio acerca sus pasos por la villa de Bilbao, para que pueda disfrutar con la vista de esta peculiar fachada del Casco Viejo bilbaino, con sus miradores tapiados.

No será necesario desviarse mucho de la ruta de visita covencional, ya que si nos acercamos a ver la portada renacentista del Palacio Arana, en la calle Belosticalle, sólo tendremos que volver la espalda y alzar la vista para comprobar cómo a los vecinos del inmueble que allí se asienta les han censurado la vista de la calle, sin que conozcamos motivo alguno para tal agravio, que viene de antiguo.

Hasta hace pocos años, tal desaguisado se intentaba disimular con el dibujo sobre la pared de unas tristes ventanas virtuales, que no engañaban a nadie. ¿Estarían también figuradas en el interior...?

Tras la restauración del edificio, las pinturas han desaparecido, pero las ventanas siguen tapiadas, como se puede apreciar en la fotografía.

Sus motivos tendrán..., ¿o no?

Aprovecho la publicación de este artículo para despedirme una temporada del blog, hasta septiembre, en que acabarán mis vacaciones. Así que si algún lector es tan amable de dejarme un comentario y no le respondo, que sepa que lo haré a la vuelta.

domingo 22 de julio de 2007

El paseo de los Caños

Hace pocos años se ha recuperado, en Bilbao, un paseo muy popular entre los antiguos bilbainos, ya que el mismo existe desde el siglo XVI. Se le conoce con el nombre de Paseo de los Caños, debido a que su origen se debe a los caños que conducían antaño el agua hasta la villa.
Sobre el citado paseo y una “guía turística” del XIX, en la que se le cita, nos habla don Miguel, bilbaino ilustre entre los ilustres, en este breve artículo que os transcribo, por su curiosidad.


LOS CAÑOS DE BILBAO EN 1846


Con qué emoción pasamos las escasas hojas de este pobre librillo! Es un folletito insignificante y sin verdadero valor alguno. Su portada, en cubierta amarillenta, reza así: “Guía de Bilbao y conductor del viajero en Vizcaya, Bilbao. Imprenta de Adolfo Depont, editor, 1846”. Después de lo de Vizcaya hay un grabado que representa una diligencia tirada por cuatro briosos corceles -corceles propiamente- y en el fondo sus casuchas. Luego, en el cuerpo del librillo, hay una vista de la ría de Bilbaoque no reconocemos, aunque se ve allí el puente colgante, el famoso puente colgante de la canción que aprendimos de niños, el que se deshizo durante el bombardeo y cuyos machones hemos estado viendo años después en un lado y otro de la ría.(1)
Este grabado de la vista de Bilbao, de esta Guía de 1846, encadena nuestros ojos y nuestra memoria y aquí nos estamos, tratando de recordar lo que fue antes que nosotros fuéramos. Una extraña ternura surge, como de de un manantial, del fondo de nuestra alma. Es como ver un viejo daguerrotipo de la abuela cuando aún era una niña y dormía en el limbo el germen de nuestra persona.
El Punte Colgante! Y recordamos la canción:

No hay en el mundo
Punete Colgante
más elegante
ni otro Arenal;
ni otro paseo
como los Caños...,

La composición no es ningún modelo poético, pero levanta poesía de nuestros corazones.
“Ni otro paseo, como los Caños...” Y he aquí que la Guía esta en su capítulo once, al tratar de los “Paseos públicos” en su página 57, dice así hablando de los caños:
“Al fijar en él su planta por primera vez el viajero, no puede menos de sobrecogerse su ánimoen vista del imponente espectáculo que se le ofrece: a cada paso que le introduce en aquel sombrío recinto no puede menos de detenerse conmovido y admirar con detenido recogimiento el panorama asombroso de una naturaleza tan imponente como severa. Peñascos salvajes, de donde caen el espinoso ramaje de mil plantas parásitas, el enmarañado tejido de las madreselvas silvestres y hasta la oscura sombra que proyectan los elevados chopos del Morro y Porgirón dan ha (sic) aquella mansión un aire terrible capaz de inspirar con santo recogimiento que no deja de tener atractivo para los que apartándose del movimiento de las ciudades sólo buscan la paz interior.”
Con qué santo recogimiento leímos estas lineas candorosamente románticas publicadas en nuestro Bilbao veinticinco años antes de nuestra visión de los Caños, de nuestros Caños, de los de nuestra mocedad, cuando íbamos a buscar en ellos, lejos del movimiento de la Villa, la paz interior!.
El autor de la “Guía de Bilbao” de 1846 tenía un alma infantilmente romántica o si queréis románticamente infantil. Su sentimiento de los Caños es casi el mismo que nos sacudía, a los niños algo románticos, un cuarto de siglo más tarde. Aquel lugar, al que por su parecido con alguna decoración de ópera de asunto céltico se le llamó los Druidas, inspirábanos el “santo recogimiento de una naturaleza tan imponente como severa.” Cuando empezamos a oir hablar de
Aitor, de este personaje, también de ópera, que invento el bayonés Chaho, parecíanos que vagaba por allí, en las noches de plenilunio. Porque las fantasías de Chaho tienen evidente origen céltico y fueron la aplicación arbitraria al pueblo vasco de leyendas célticas. Y cuando leímos conmovidos la fantástica “Amaya” de Navarro Villoslada -otra brillante arbitrariedad romántica, falta de todo apoyo histórico- en los Caños se nos figuraba ver a los héroes de la prestigiosa novela pseudo-histórica.
También los Caños, allá en nuestras mocedades, tenían su leyenda infantil. A su entrada estaban las huellas del Ángel y del Demonio que habían apostado, no se sabe con qué propósito, a quién saltaba más y no lejos de las manchas negras, de sangre, claro está!, de un rey moro que murió allí en una terrible batalla, acaso despeñado de los peñascos salvajes de donde caía “el espinoso ramaje de mil plantas parásitas, y el enmarañado tejido de las madreselvas silvestres.” No sabemos si ese rey sería el hijo o el padre de aquel otro de quien nos dijo un día en Arrigorriaga un aldeano al vernos contemplar aquel viejo sepulcro: “que, mirais eso? ay está neterrao un rey moro que le mataron en la francesada.”
Esto debió de ocurrir con
la famosa batalla de Arrigorriaga o Padura, que así se llamaba el lugar antes de que con la sangre que corrió se convirtieran en mina de rojo hierro aquellos cerros pedregosos. Mas en cuanto a las manchas de sangre del rey moro muerto en la batalla de los Caños no faltaba maligno espíritu infantil depravado antes de tiempo por el corrosivo escepticismo crítico -era ya más que promediado el siglo de las luces!- que sostuviere que no eran sino manchones de...brea. Qué ganas de estropearnos la poesía de la vida!
Lo cierto es que para nosotros, los bilbaínos que éramos niños de cincuenta a cuarenta años hace, el “panorama asombroso” de la “naturaleza tan imponente como severa” de los Caños, con aquel ceñudo fondo del oscuro Arnótegui, y el río saltando entre pedruscos y la Isla y toda la hoz aquella nos sobrecogía de “santo recogimiento”. Fue una de nuestras primeras emociones románticas de la naturaleza. Y con qué poco se llena el alma del niño!
Nuestro buen amigo Gortazar, el que murió en Méjico, se subía a lo más alto de Archanda, a leer allí solo y sentado sobre la tierra de la cima, la descripción que los Alpes trazó Rousseau. Y nuestro amigo Olea ensayaba en una casita por encima de Iturrigorri, en un replieguedel imponente Pagazarri, la vida natural, primitiva y salvaje que predicó también Rousseau. Quién le habría de decir al amigo y panegirista de Altuna , al que pensó alguna vez irse al pais vasco con su amigo, que en juveniles pechos de paisanos de Altuna prendería el fuego de su romanticismo!
La “Guía de Bilbao” de 1846, librito anónimo y de escuetas noticias, carecería de todo color si no fuese por esa escapada al romanticismo de su autor. Parécenos ver a un modesto empleado de oficina, que apacentaba sus ensueños los domingos en los Caños, o que se paseaba por allí con su novia, y que leía, si no a Rousseau precisamente, a cualquier otro autor que execrara del movimiento de las ciudades, y al verse requerido el modesto oficinista para escribis la Guía, que imprimió y acaso editó Adolfo Depont, vació en ese párrafo sus ansias de paz interior. O no sería acaso el mismo impresor Adolfo Depont algún francés más o menos rosseauniano que buscaba esa paz paseándose por el “panorama asombroso” de la “naturaleza tan imponente como severa” de los Caños? Vale la pena de que alguno de los eruditos estudiosos de estudios vascos, y más si es bilbaíno, inquiera algo respecto a esta hipótesis que aventuramos sobre el romántico impresor Depont y le dedique una monografía.
Nosotros lo comentaremos a esta nuestra manera sentimentalmente sonriente e inerudita.

Miguel de Unamuno

Unamuno Miguel de, Sensaciones de Bilbao. Ediciones Nájera, Bilbao, 1976


(1) Este puente colgante desapareció durante la última carlistada. Posteriormente, hubo otro de hierro que fue destruido en la Guerra Civil; y hoy el que se conoce como Puente de Ladrillo y que aparece en la foto.

miércoles 18 de julio de 2007

Aparecen los primeros restos campamentales de la Legio IIII Macedónica en Herrera de Pisuerga

Leo con regocijo en el Diario Montañés la noticia de que por fin se han podido encontrar los restos del campamento romano de la Legio IIII Macedónica en el pueblo palentino de Herrera de Pisuerga.
Prácticamente estaba reconocido por todos los expertos la ubicación del campamento en este pueblo castellano, pues los restos que hasta el momento se habían encontrado, la mayoría procedentes de un vertedero, la estratégica posición del pueblo, así como el lugar de aparición de diferentes miliarios referentes a la via Pisoraca-Flaviobriga, así permitían pensarlo.
Sin embargo, la localización de elementos constructivos del mismo, puede posibilitar la delimitación del mismo y la proyección de futuras excavaciones.
Para más información se puede leer el artículo en la red, y además, para los que se quieran dar una vuelta por el pueblo les recomiendo la visita al Aula Arqueológica, sobretodo si se va con niños.
Muy buena noticia.

martes 17 de julio de 2007

Vesperies, Vispero, Vespero, Punta Lucero

Gracias a la “Naturalis historia”, obra de Plinio el Viejo, sabemos de la existencia de una serie de enclaves maritimos en la costa vasca. Así, dice en el Libro IV. 20. (110): “...Desde el Pirineo, siguiendo el oceano, está el bosque de los vascones, Oiarso, las ciudades de los várdulos, Moroga. Menosca y Vesperies, y el puerto de los amanos, donde está la colonia de Flaviobriga”. De todas estas ciudades conocemos con seguridad la ubicación de la primera y la última. De esta forma, Oiarso se correspondería con la actual Irún, y Flaviobriga con Castro Urdiales. Tenemos así, entre los dos puntos, toda la costa vasca peninsular para ubicar las tres ciudades que nos faltan. Son numerosos los lugares donde podríamos ubicar estos emplazamientos, desde San Sebastian pasando por Getaria, Deba, Ondarroa y Lekeitio, donde parece que se han encontrado restos de lo que pudo haber sido un puerto de época romana; la ría del Oca, con los emplazamiento de Forua y Portuondo, y por fin, las rías de Plencia, Bilbao y Somorrostro.
La probable existencia en estas dos últimas rías de asentamientos romanos viene corroborada, en primer lugar, por la relativa abundancia de hallazgos monetales en ambos valles.
De otro lado, debemos tener en cuenta su posición estratégica como punto de embarque del mineral de hierro que tanto abundaba en la zona de los montes de Triano, Bilbao y otras zonas encartadas, que bien a través de la ria bilbaina, o a través del Barbadún, podían encontrar fácil salida al mar.
Así nos describe Plinio, refiriéndose sin duda a Triano, la riqueza mineral de este monte, explotado hasta nuestros días, en el Libro XXXIV. 43. (149): “El hierro es, de todos los metales, el que tiene más abundantes minerales. En el pais de los cántabros, en la zona costera que baña el océano hay una montaña muy alta, cosa increible, que es toda entera de hierro, tal como ya lo hemos dicho en nuestro periplo alrededor de los mares.”
Estas dos rías están separadas por una lengua de tierra que es conocida como Punta Lucero, donde se asienta el pueblo de Zierbana, lugar donde se han constatado diversos restos de época romana. Pues bien, el objeto del presente artículo es el de sugerir la posibilidad de que la citada ciudad de Vesperies pudiera tener su localización en este cabo vasco, y para ello me baso en la información que nos da un erudito local castreño. Me refiero a D. Javier Echevarría, quien en su libro “Recuerdos históricos castreños”, escrito en 1898, nos dice: “Lucero, ó Lusero, según se pronuncia en las cercanías del cabo o punta de este nombre, situado al Oeste de la desembocadura del río Nervión, es la traducción exacta del Vesperies de Plinio y el punto, precisamente, á donde corresponde, mirando desde Castro, la aparición del astro de la tarde. Se llama también hoy entre los marineros Vispero ó Vespero; de suerte que conserva la denominación latina con que Plinio le designa, y la traducción castellana de esa denominación.”

viernes 13 de julio de 2007

Chirimbolos infiltrados en Bilbao


El otro día me encontré con un blog en el que se exponían las fotos que el blogero había tomado con ocasión de un viaje a Moscú. Entre ellas estaba la de una alcantarilla que, supuestamente, pertenecía al Ayuntamiento de Bilbao, y que se exponía en un restaurante moscovita. En mi opinión, tal como le comenté al responsable del blog, la alcantarilla no se corresponde con las que se pueden ver en la villa, aunque parece que sí ha sido fabricada aquí, en los talleres "Benito y cia.", como reza en la propia tapadera.

Este asunto me hizo pensar en el mobiliario urbano que disfrutamos en las calles de la villa, y en una curiosidad que quizás pueda resultar de interés, en estas fechas veraniegas, a alguno de los eventuales guiris que se pasee este verano por Bilbao, y que pudiera toparse con estas lineas.

En numerosas calles de la villa son habituales unos artefactos troncocónicos que se colocan deliberadamente, e incluso con alevosía, para impedir el paso de los vehiculos motorizados a ciertas zonas protegidas. Una de estas zonas protegidas es la portada de la Catedral de Santiago, en el Casco Viejo bilbaino, así como la Portada del Angel, en la trasera del mismo templo, y que da acceso al claustro del mismo.

Cada uno de estos chirimbolos está marcado con el escudo de la villa dibujado en su contorno. Sin embargo, si analizamos uno por uno todos ellos, nos daremos cuenta que se han infiltrado algunos que no llevan el sello del puente y la iglesia de San Antón, emblemas de la villa, sino que portan orgullosos el escudo de algún sitio desconocido por mi, como podemos observar en la foto.

¿Se acabaron los chirimbolos bilbainos y tuvimos que pedirlos prestados a alguien? ¿O tal vez, alguna metrópoli, celosa del éxito turístico bilbotarra, ha colocado hábilmente espías callejeros en el corazón de la villa vasca?

No tengo respuesta a estos interrogantes, pero puedo asegurar que lo contado aquí es absolutamente verídico, y aquí os dejo la prueba gráfica de cuanto cuento, aunque también lo puede comprobar cualquiera de los amables visitantes que nos honran con su presencia, así como aquellos bilbainos que no estén ya avisados.

Y si alguien conoce la procedencia del escudo, que sepa que será muy bienvenido que nos deje aquí su comentario.

(Fijarse en los que están a la derecha de la portada de la Catedral. Los de la Puerta del Ángel, los dejo a la sagacidad de los curiosos)

domingo 8 de julio de 2007

Las siete maravillas mias

Leo en COMO PIENSO la opinión que le merece a mi paisano Oz la consideración habitual de las siete maravillas del mundo, opinión con la que no puedo estar más de acuerdo.
Estoy con él en que lo maravilloso de este mundo no está tanto, ni sobretodo únicamente, en las grandes y monumentales construcciones de los poderosos imperios que en l mundo han sido.
También me ha gustado esta iniciativa para escoger las no maravillas.
En definitiva, que yo también voy a dar mi opinión sobre las 7 cosas que me parecen maravillosas de este mundo, mucho antes, en mi escala, que las tradicionalmente consideradas o que las que, a partir de una pseudo democrática votación, sean consideradas a partir de ahora.

1ª La capacidad del hombre, o al menos de algunos, de dar su vida por otros.

2ª La paciencia que tienen y han tenido los parias que en este mundo son y han sido, incluidos los que se dejaron la hiel y la vida en la construcción de los grandes monumentos que ahora admiramos como representativos de la genialidad humana.

3ª La inteligencia de los que saben convencer a la mayoría de que los mejores ejemplos de la existencia de la explotación del hombre por el hombre, son, en realidad, símbolos de la grandiosidad humana.

4ª La constancia y el tesón de los artistas y pensadores que nunca tuvieron el reconocimiento de sus contemporáneos más inteligentes.

5ª La lucha por la vida que tuvieron que afrontar nuestros antepasados, gracias a lo cual, hoy estamos aquí nosotros, y nuestra propia lucha.

6ª El huevo frito, en esto estoy con Oz.

7ª Que alguien se haya leído este artículo.

jueves 5 de julio de 2007

Origen de los vascos. Estado de la cuestión hace 200 años


HISTORIA GENERAL DE VIZCAYA
Juan Ramón de Iturriza y Zabala
(1793)
Capitulo X

De la primitiva población de Vizcaya

Los historiadores Flabio Josefo, de nación hebreo, San jerónimo, el arzobispo toledano don Rodrigo Ximénez, el abulense alias Tostado, Florian de Ocampo, Marineo Sículo, Esteban de Garibai Zamalloa, Fray Juan de la Puente, el P. Juan Cortés de Osorio y otros autores citados del P. Gabriel de Henao en el libro y capítulo primeros de sus laboriosas Averiguaciones de las Antigüedades de Cantabria, escriben que Tubal, llamado también en la Sagrada Escritura Jobel, nieto del Santo Patriarca Noé, hpmbre sabio en diversas materias, habiendo dejado su patria de Armenia y los campos de Senaar, que después se llamaron Caldea , llegó a los Pirineos, de esta península de España, con su mujer, hijos y compañía a los 1800 años de la creación del mundo y 142 después del diluvio universal, donde empezó a poblarla repartiendo sus gentes a estas Provincias Vascongadas, y aún se adelanta en decir el R.P. Fray Juan de Luzuriaga en su Paraninfo Celeste de nuestra Señora de Aránzazu, libro primero, capítulo tercero, que el citado Tubal acompañado de arameos, íberos y otros colonos, habiendo llegado en persona a la costa marítima de Bermeo, erigió un pueblo que en la antigüedad con el nombre de Flabio-briga fue el más celebre de sus comarcas; cita para su opinión el capítulo cuarto del libro primero de las Investigaciones históricas del P. Joseph de Moret, de la extinguida Compañía de Jesús, aunque yo no hallo que mencione la venida de Tubal a Flabio-briga en el citado capítulo de Investigaciones, cuya obra tengo presente impresa últimamente en Pamplona el año de 1766 por Pascual Ibáñez.
Comprueban algunos de los citados autores la venida de Tubal a esta parte septentrional de España con fuertes conjeturas; una es que en estas Provincias Vascongadas y Reino de Navarra, después de tantos siglos y mudanzas, se conservan en montes y ríos nombres de la región de Armenia, primer solar del mundo después del diluvio, lo que no puede ser acaso, sino cuidado de los primeros pobladores poner nombres de las tierras y provincias de donde venían, como practicaron y practican todas las naciones transmigrantes; ejemplo Armenia, o Armendia, que denota en vascuence montaña pedregosa, existe en la provincia de Alaba distante media legua de la ciudad de Vitoria, y es una barriada de pocas casas, aunque en la antigüedad fue población numerosa y capital de la Sede Armentiense. Puerto Amano, que en sus ruinas repobló el Emperador Vespasiano la ciudad de Flabio-briga fue el de Bermeo, Portugalete, Castro Urdiales o Laredo, es cierto que los dos primeros radican en este Noble Señorío, y los dos últimos en distancia de cinco a siete leguas de Portugalete.
Ararat, que en griego se llama a la provincia de Armenia; y otro empinado monte que está en los confines de Guipuzcoa con Navarra, retiene el mismo nombre. Araxes es un río que nace en el monte de Eúfrates desaguando en el mar Caspio; y a la falda del monte de Ararat, a la parte de Navarra, nace el río de Araxes, según escribe el citado Moret en el capítulo cuarto del libro primero de las Investigaciones. Gordeyo es llamado a un monte de Armenia según Flabio Josepho en el capítulo cuarto del libro primero de las Antigüedades Judaicas, y en los confines de la anteiglesia de Ceánuri y provincia de Alaba existe otro monte con el nombre de Gorbeya, el más elevado de Vizcaya; en la proximidad de la villa de Mondragón existe una elevada peña con el nombre de Babilonia (alias Vdalacha), según escribe Esteban de Garibay en el capítulo segundo del libro cuarto del Compendio historial. En la cercanía de Munguía hay una montaña alta nominada Xata, cuyo nombre sospecha el P. Henaorecibiría en memoria de Artaxata, ciudad de la Armenia Mayor. Según Estrabón en el libro once, hay en la misma Armenia un río llamado Arago, y con el mismo nombre desciende otro por Pamplona, como prueba el P. Moret citando la carta escrita por San Eulogio Mártir desde Córdoba el año de 851 al Obispo Guilisindo, aunque al presente es nominado Arga. Otros varios ejemplos anotan los citados Moret y Henao para prueba de que los primitivos poblafores de estas provincias venidos de las cercanías de Armeniapusieron nombres a los montes y ríos semejantes de los que tenían los de aquel primitivo solar; lo mismo practicaron los españoles en la América en el siglo XVI poniendo nombres de Nueva Vizcaya, Nueva Galicia, etc., a las provincias que conquistaban.
Otra conjetura que hace fuerza de haber sido empezada a poblarse esta península de España por estas regiones vascongadas, es que éstas más que otras de toda ella producen sin agricultura beneficio, ni cultivo frutos silvestres y animales por ser la tierra más montuosa que se conoce en España, como dice garibai en el capítulo primero del libro cuarto, siendo forzoso valerse de ellos para la conservación de la vida humana en aquellos tiempos que no estaba en uso el beneficio de los campos; y en tiempo de la sequía general de España se mantuvieron con hojas y fruto de un árbol llamado aritorrac, y en arábigo tamarindos, como escribe Gaspar de Peña y Galdocha, natural de la puebla de Hea y vecino en la colación de San Marcos de Sevilla, en el capítulo 23 del libro tercero de la Historia General de la Gran Cantabria. Es tambiém creible que Tubal y sus socios quisiesen habitar en las eminencias de los montes y cuevas por la necesidad que tenían de alimentos y carnes silvestres, y por el temor de que no fuesen anegados en las llanuras, como les sucedió a sus abuelos, haciendo sus estancias y caserías solares de infanzones que retienen desde los tiempos antiquísimos sus apellidos del propio idioma vascongado.
Mateo Beroaldo, en el libro cuarto de su Cronicón, se esforzó en que Tubal no fue el primer poblador de España, sino su sobrino Tarsis, cuya opinión siguen algunos autores modernos que citaré: don Antonio Fernández Prieto y Sotelo en la Historia del Derecho Real de España, impresa el año 1738, al capítulo primero dice que Tubal no pobló a España, sino la Iberia Oriental, en los confines de Aquilón, donde fue sepultado con los suyos como se colige de los capítulos27-32 y 39 del profeta Ezequiel, y el haber tenido los historiadores así españoles como extranjeros a Tubal como primer poblador de España, dice que fue por haber seguido la autoridad de Rufino Aquileyense, el cual tradujo de griego en latín la historia de Josepho, este hebreo en el capítulo 11 de las Antigüedades Judaicas, haciendo memoria de los hijos de Japhet, y llegando a Tubal dice que pobló a los tubales que en nuestros tiempos se llaman íberos, y que Rufino, parafraseando, añadió esto es españoles, quienes después se nombraron celtíberos, sin duda pensando que no había más Iberia en el mundo que la de España, y que Josepho hablaba de ésta. En sentir del citado don Antonio Fernández, fue el primer poblador de esta península española el expresado Tarsis, bisnieto de Noé e hijo de Jaban, por tener antiguamente España el nombre de Tarsis, y algunas poblaciones Tarteso, como se colige de varios autores.
La misma opinión lleva el doctor don Francisco Xavier de la Huerta en su España primitiva, diciendo que a los 535 años después del diluvio pobló Tarsis a España, erigiendo al Sumo Dios aras, y haciendosacrificios. Don Juan Francisco Masdeu ex jesuita natural de Barcelona y residente en Italia, escribe al folio 79 del primer tomo, parte primera, de la España antigua, impreso en Madrid el año de 1784, que los primeros pobladores arribaron a España dos siglos y medio después del diluvio, y que serían de la cuarta generación de Tubal y Tarsis, y al folio 116 dice que de éste descienden los íberos que poblaron la parte septentrional y meridional, y de Tubal los celtas que poblaron la parte occidental; entre estas opiniones, cuál sea la cierta y verdadera no es fácil de averiguar; pero se puede presumir con más fundamento que Tubal hubiese poblado Cataluña, Aragón, Navarra, y Cantabria, habiendo vuelto después a la Iberia Oriental, donde falleció; y su sobrino Tarsis las Anadalucías y Portugal, pues a los reparos y razones que alega Mateo Beroaldo, para su opinión satisface completamente el P. Moret en las Investigaciones, libro primero, capítulo cuarto, número 8 y siguientes.

martes 3 de julio de 2007

La paradoja de los Alfonsos, reyes de España

Leyendo el otro día un artículo en Historiantes, hablaba Victor de la manipulación de la historia con fines legitimadores de situaciones políticas posteriores,y me vino a la cabeza un asunto que siempre me ha llamado la atención.
Se trata de las razones que avalan la adjudicación de un ordinal a los distintos reyes que en España han sido. Quizás se podría discutir sobre cuál de los diferentes reinos que han conformado la actual corona española debería ser el que cediera su historia para dar orden a los diferentes reyes, pero creo que sería una discusión demasiado grande para mis posibilidades. Aceptemos pues que el actual reino es heredero de las antiguas pretensiones expansionistas del primitivo reino de Asturias. Pues bién, aceptemos también que el posterior reino de León puede cumplir a su vez con el cometido de dar antigüedad a la actual monarquía. Pero es que ni aun así me salen las cuentas.
Si tomamos, por ejemplo, el caso de los diferentes monarcas conocidos por el nombre de Alfonso, me falta uno. Los tres primeros, Alfonso I, Alfonso II y Alfonso III serían reyes de Asturias. Posteriormente tendríamos como reyes de León a los que van desde el IV hasta el VII. Y es aquí donde se produce la paradoja, ya que se nos cuela de rondón el VIII, pues no hay ningún rey de León con el nombre de Alfonso y ordinal VIII. ¿Cómo se puede explicar este desajuste?. Creo que no tiene explicación posible, ya que con este rey se hace una excepción y se salta la dinastia de los reyes de León para meter en el listado al famoso rey castellano.
Tal vez no se podía dejar fuera de la lista de los reyes de España al vencedor de las Navas de Tolosa, máxime cuando el propio rey de León, curiosamente también llamado Alfonso, en este caso IX, no participó en la legendaria batalla. Es decir, que tenemos dos reyes de España, del mismo nombre, y gobernando al mismo tiempo, cada uno ocupando su lugar en la lista de los Alfonsos reinantes en España. Curiosa paradoja.
Pero bueno, dejemos las cosas como están que, de otra forma, quizás deberiamos hablar de Alfonso IX el Sabio, o deberíamos cambiar la letra de alguna canción y decir: ¿Dónde vas Alfonso once...?, y ya nada sería igual.